domingo, 29 de junio de 2014

Lo trágico de la vida

Qué es lo trágico de éste cariño??

Lo trágico no es que ella no lo quiera, lo trágico es que ella lo quiere de manera distinta a la que él la quiere.

Pero, por qué no lo quiere?? Ella quiere a alguien mas?? Él no cumple con las espectativas de ella sobre el amor??

Porque debe de ser eso. Y si ella no necesita de nadie?? Una obra de arte debe de ser terminada cuando está inconclusa. Ella es una obra de arte, es hermosa y completa en su incompletud.

Si le agregas algo más a una obra hermosa y completa, acaso no corres el riesgo de arruinar la hermosura de ésta??

Eso es lo verdaderamente trágico. Ella se conoce a la perfección, sabe que es lo qué representa, sabe lo que está en su ser. Se sabe bella, completa, pero siente el vacío que debe de sentir una gran obra de arte. Lo trágico es que ella en el fondo lo quiere como él quiere que lo quiera, pero en lo más profundo de su ser, sabe que no puede estar con él.

Si llegan a estar juntos, él dejará de contemplar su ser como la obra suprema. Ella se sabe completa y no necesita nada más.

O si?? O no??

Eso; eso es lo trágico de la vida.

De la realidad


 De la realidad


¿Cómo es el mundo en el que vivimos?, ¿Dios existe o no? Y si la respuesta es afirmativa, ¿cuál es su naturaleza?, ¿cuál es el papel que juega el hombre en el universo? Tal vez sean preguntas que quizá no tengan una respuesta satisfactoria, pero por lo menos podemos tratar de contestar estas interrogantes.
Podemos partir desde el concepto del conocimiento, en el sentido que le da Platón en el Teetetho, para tratar de demostrar la verdad objetiva del mundo, conocimiento popular tal como “en todo mal, hay un bien encerrado”, “sólo Dios sabe porque hace las cosas”, “primero Dios”, podemos notar que se hace necesario un sentido del mundo. Debe de haber un plan que dirija hacia buen puerto todas aquellas opciones que tenemos en la vida diaria. Si tomamos una decisión, la cual provocó un resultado desalentador, o por lo menos así es como lo vemos, debemos de estar conscientes de que “lo que sucedió es lo mejor que pudo haber pasado”. La mayoría del conocimiento popular, inclusive no tanto, aceptado como verdadero, necesita de una razón de ser, las leyes deben de regir todo el comportamiento de la realidad.
La realidad entera, debe por necesidad, ser racional. Tenemos una razón, la cual nos permite conocer las verdades del mundo. Científicos tan grandes como los físicos Albert Einstein o Stephen Hawking ven en esto, más que como una posibilidad, una necesidad.

“Viviendo en este vasto mundo, que a veces es amable y a veces cruel, y contemplando la inmensidad del firmamento encima de nosotros, nos hemos hecho siempre una multitud de preguntas. ¿Cómo podemos comprender el mundo en el que nos hallamos? ¿Cómo se comporta el universo? ¿Cuál es la naturaleza de la realidad? ¿De dónde viene todo lo que nos rodea? ¿Necesitó el Universo un Creador? La mayoría de nosotros no pasa la mayor parte de su tiempo preocupándose por esas cuestiones, pero casi todos nos preocupamos por ellas en algún instante.
Tradicionalmente, ésas son cuestiones para la filosofía, pero la filosofía ha muerto. La filosofía no se ha mantenido al corriente de los desarrollos modernos de la ciencia, en particular de la física. Los científicos se han convertido en los portadores de la antorcha del descubrimiento en nuestra búsqueda de conocimientos."[1]

Es algo muy parecido a lo que quiso decir Einstein en su frase: “Dios no juega a los dados”. Entonces, lo que tratan de demostrar los “científicos modernos” es ese sentido que sigue el mundo. Todas estas posiciones científicas y, aunque no lo vea así el señor Hawking, filosóficas que tratan de mostrar las “leyes” que rigen nuestro universo son totalmente lógicas. Todas siguen un proceso lógico válido, podemos tratar de encontrar algún error en el razonamiento de los pensadores lógicos y perder toda nuestra vida, pues jamás hallaremos ese punto débil de su estructura racional, pues tal no existe.
Las doctrinas que tratan de falsear la verdad lógica, la verdad científica, pierden su tiempo. No hay, por lo menos hasta ahora, una manera de demostrar que las leyes de la termodinámica, las leyes de Newton o el plan divino sean falsos. En este punto me parece muy importante hacer la aclaración de que cuando hablo en este trabajo sobre Dios, no me refiero al Dios de ninguna religión, ni a un Dios no realista como lo pueden considerar pensadores de la talla de Don Cupitt; el Dios del que hablo ahora es un Dios no tangible, pero tampoco ideal. Es un Dios que conoce todo, lo que ha sido, lo que es y lo que será, dentro de Él están contenidas todas las posibilidades, pues Él conoce las causas y efectos de todo, está mezclado en todas las cosas, pero no se puede reducir a una realidad ni idea. Me refiero al “Dios de los filósofos”, hoy también “Dios de los científicos”, el Dios que permite que se hagan las cosas que se hacen, pues en su plan está que se hagan, estoy hablando del logos. Es válido decir que los “científicos modernos” buscan descubrir a Dios, pues ellos buscan las leyes o la ley que englobe a todo el universo. Si se quiere conocer a Dios, el verdadero Dios, debemos de conocer el mundo tal cual es.
No hay manera lógica de demostrar que todos los esfuerzos por conocer a Dios sean inútiles, o por lo menos eso es lo que parece que conocen quienes tratan de encontrarlo por medio de la razón. Pues en realidad, siendo justos, la lógica tiene falacias, las cuales son razonamientos no válidos, además debemos recordar que la lógica no dice nada acerca de la verdad o la falsedad de un razonamiento, solo nos dicta cómo es que debemos de razonar válidamente. La falacia que quiero destacar ahora, es la falacia formulada por el filósofo inglés David Hume, partidario del empirismo, es la llamada falacia naturalista. En esencia, la falacia naturalista dice que no es lógicamente válido pasar del reino del ser al del deber ser. Es decir que por el hecho de que siempre las cosas hayan sido de tal forma, de que después de que sucede A, siempre se da B, no es válido afirmar que para todo caso en que suceda A, necesariamente se debe de dar B, por lo menos en una realidad como en la que nosotros habitamos. Un ejemplo, que tal vez esté por demás dar, es el del sol. Desde el inicio del planeta tierra, o por lo menos es lo que creemos saber, cada 24 horas aproximadamente, el astro vuelve a “salir” por el oriente terrestre, para después “meterse” por el poniente. Cada día ha sido así, pero de estos casos particulares no podemos afirmar tajantemente, en rigor lógico, que mañana se vuelva a repetir.
Entonces, en el mundo lógico en el cual según los científicos mencionados, vivimos, no podemos afirmar nada del caso que sigue. Entonces la “ciencia moderna” deja de ser una ciencia determinante, “premonitora” para convertirse en una ciencia descriptiva. Las capacidades racionales de la ciencia moderna, dejan de estar en el mañana y pasan al ayer, como bien lo había mencionado Carl Popper.
Si el mundo es lógico, entonces no podemos demostrar que conocemos a Dios, pues Dios está más allá de nuestras capacidades racionales. En un universo lógico, Dios debe de ser el “genio malvado” cartesiano. Pues nos dota con la razón, y nos hace creer que con ella hemos de descubrirlo a Él y a su plan. Pero escuchando lo que nuestra máxima herramienta cognitiva nos dice, es decir, descubriendo los límites de la razón, entendemos que no debemos afirmar que lo conocemos. Tal vez si lo lleguemos a tener en nuestras manos, quizá lo estamos haciendo bien, la física, la química, la bioquímica, la genética, etc. Dicen que lo más probable es que sí lleguemos a conocerlo, pero el mismo Dios nos lleva hasta un callejón sin salida, pues nos hacer preguntarnos de manera racional, ¿en verdad conozco a Dios?, ¿no hemos caído en el error de considerar como verdadero algo que quizá mañana deje de serlo?
Si es que de verdad nuestro Dios es un ser lógico, entonces debemos de considerar la posibilidad de vivir sin saber qué es la vida. No es que esté diciendo que debemos de vivir en un mundo escéptico, en el que debemos de suspender todos los juicios, pues en rigor lógico, no podemos saber si es que son verdaderos o falsos. Entonces esto nos deja  por ahora, 2 opciones que yo veo desde mi situación: atenernos a que en nuestro mundo lógico no podemos demostrar que nuestro conocimiento actual sea verdadero (el genoma humano es distinto para cada grupo racial, las leyes de Newton son universalmente válidas, el sol va a salir mañana…) o descartar la idea de que el mundo es lógico.
Si tomamos esta opción, debemos de aceptar que no hay nada más que cruel realidad, no hay la posibilidad de encontrar leyes que rijan el comportamiento del mundo. Dejamos de creer que mañana va a salir el sol y esperamos con todo nuestro ser, que mañana salga el sol. Una vez que aceptamos que el mundo es ilógico hemos de aceptar las palabras del viejo Zaratustra que baja de su montaña acompañado por sus animales, el águila que lo guía en el camino desde las alturas y su serpiente que le recuerda que vive a ras de suelo. Hemos de aceptar que Dios ha muerto. De esta forma, también debemos de reformular nuestra concepción del conocimiento. Antes, cuando el mundo era lógico, Platón dejó una definición para el conocimiento: “Una opinión verdadera razonada”, pero al decir “verdadera” se debe de afirmar que es verdadera, lo cual no nos es válido hacer; en un mundo ilógico como el que estamos planteando ahora, la definición del conocimiento puede ser, “una opinión considerada verdadera”. ¿Considerada por quién?, ¿por qué no razonada? Considerada por el poder, claro está. Aquel o aquellos que ejercen el poder, no necesariamente son racionales, simplemente determinan lo que es verdadero o no, según sus propias convicciones y circunstancias.
Si el mundo no tiene una razón de ser, entonces la humanidad está perdiendo el tiempo al tratar de encontrar las leyes que supuestamente rigen el mundo. ¿La ciencia objetiva es entonces una pérdida de tiempo? ¡No! Pues si bien es cierto que ahora que el mundo dejo de ser lógico, no sabemos qué es verdad y qué no, no deja de ser cierto que lo que conocemos funciona. Es decir que las, ahora mal llamadas, leyes físicas ya no pueden ser consideradas como absolutamente verdaderas, pero las podemos y debemos ocupar para el desarrollo de nuestras tecnologías. Para el desarrollo de nuestras tecnologías más avanzadas, por ejemplo las desarrolladas por la ingeniería biónica, se necesita un amplio conocimiento en física, química, biología, nanoestructuras. Si se quiere hacer una prótesis funcional que sea aceptada por el cuerpo humano, debemos de considerar factores como la dureza del material, su biocompatibilidad, además de hacer los suficientes cálculos físicos para que haga su función parecida a la realidad, etc…
Bien podemos vivir en un mundo sin la necesidad de la lógica, pues fuera del papel, la lógica misma deja de ser funcional, al ser una ciencia tan abstracta, no podemos determinar que lo que dicta sea válido para la realidad. Hoy podemos prácticamente afirmar que el valor de la gravedad promedio en la tierra es de 9.81 m/s2, pero no podemos controlar todas las variables del universo, pues quizá en algún futuro suceda algo que cambie las condiciones para que la gravedad promedio cambie,  para lo cual hay que adaptar nuestra ciencia. Si aceptamos que el mundo es ilógico, no hay un conocimiento certero de absolutamente nada.
Pero, ¿en verdad no tenemos conocimiento absoluto de nada? O eso es lo que creemos, es lo que nos conviene creer. Al decir que el mundo deja de ser lógico, dijimos que hemos matado a Dios, pero en realidad, solo matamos al Dios lógico, pues no podemos decir que Dios haya sido siempre lógico, ¿quién nos puede decir con certeza que Dios es lógico?, ¿quién conoce la naturaleza de Dios? Se ha dicho que Dios es un conjunto de leyes, conoce lo que viene después, lo que se sigue de determinadas circunstancias. Pero, ¿en verdad nos es lícito decir que Dios tiene esa naturaleza?, ¿y si Dios en verdad, juega a los dados? En un principio, dejé en claro que al hablar de Dios en este trabajo, me refería al logos, pero ahora, ya no es posible afirmar que Dios debe de ser lógico, puede que su naturaleza sea azarosa.
No podemos afirmar que la naturaleza de Dios sea lógica, pero siendo honestos y racionales, tampoco podemos afirmara que no lo sea. De igual forma, no debemos de afirmar la existencia de un Dios, pero tampoco nos es factible asegurar que éste no exista. Tal vez,  una propuesta de esta forma parezca más escéptica que antes se pudo llegar a pensar, pero lo que propone no es la epojé, para llegar a la ataraxia. Si bien no podemos en rigor, afirmar que conocemos la naturaleza de las cosas, tampoco podemos afirmar que no las conozcamos. Si el mundo en el que vivimos es aprehendible (ya sea por los sentidos o por la razón) o no, es algo que por lo menos hasta ahora escapa de nuestras capacidades.
¿Cómo podemos llegar a conocer algo, si lo que parece que es universalmente válido, no lo es? Ahora cabe hacer una nueva definición del conocimiento. Es cierto que el poder no deja que el mundo se caiga, pues la sociedad misma da objetividad al mundo, acotándolo. Pero una definición más abstracta del conocimiento puede ser una “opinión racional que consideramos como verdadera”.                   
¿Por qué ahora si cabe ser racional? Pues si bien es cierto que dentro de las formas que tenemos para conocer algo está el sentimiento, la razón rige incluso en los sentimientos, pues nadie nos puede decir que lo que sentimos es bueno o malo, puede que nos digan que si ellos estuvieran en la situación en la que nos encontramos nosotros, y llegasen a sentir lo mismo que nosotros, quizá consideren tal o cual sentimiento como bueno. Pero de manera objetiva, ellos no tienen el mismo sentir que nosotros. Somos nosotros quienes interpretan dicho sentir como bueno o malo, dependiendo de nuestra circunstancia. Jean Paul Sartre podría estar de acuerdo con esta posición, si decimos que Dios mismo se nos ha presentado y nos ha dicho que la verdad es tal, también puede ser que otra persona que esté con nosotros al mismo tiempo, escuchando a Dios, interprete de diferente manera el mensaje de Dios.
De esta manera, si creemos saber que es imposible conocer la naturaleza de Dios, o incluso su género de existencia, ¿qué nos queda? Quedamos como miembros más del universo, ya hemos dejado de ser aquellos que tenían la oportunidad de descubrir el mundo. La naturaleza ya no se conoce cuándo el humano la descubre, Dios nos ha abandonado, o por lo menos eso es lo que creemos.
Hasta ahora, lo que ha sucedido en el mundo, nos da pauta a declarar que Dios juega  a los dados, quizá ni siquiera Dios mismo sepa, de manera absoluta, que viene el día de mañana. Para muchos pensadores como por ejemplo Ted Honderich, esto es un problema tremendo, pues eso quiere decir que no hay explicación para el mundo, pues no podemos saber qué es lo que sigue.
Pero siendo justos, esto no es verdad, pues si Dios juega a los dados, suponiendo que juega con 2, 3, 4, n dados, hay cierta posibilidad de que se adivine que combinación sea la que sigue. Podemos incluso preguntarle a alguno de los jugadores que están vetados de varios casinos. Las “leyes” físicas, pueden ser consideradas como conjunto de posibilidades que expliquen la naturaleza del universo. Podemos ver que cada vez que las condiciones se juntan, es muy probable que el resultado sea el que se ha venido sucediendo desde que se ha hecho la observación.
Con esto, que parece redundante, pues ya lo mencioné más arriba, quiero plantear que nosotros le damos sentido al universo, no podemos vivir en un mundo que no sea aprehendible, lo necesitamos, de una u otra forma, debemos de tener un grado de seguridad. Si esto es cierto, como parece ser, siempre apareceremos como creadores, pues nosotros mismos somos quienes le darán la objetividad al mundo, aunque éste no lo sea, y si lo es, no lo podremos saber.
Lo que le queda al ser humano es ser quien determine la realidad, nosotros creamos las leyes que, en teoría deben de regir el universo conocido. Pues en verdad, las leyes que tenemos hasta ahora, rigen el pedazo de universo espacio-temporal, en el que vivimos. Nacemos sin la capacidad de aprehender más allá de lo que nuestros sentidos y sensibilidad, guiados por la razón claro está, nos permiten conocer. Pero en cambio, tenemos la capacidad de modificar el ambiente en el que nos desarrollamos.
Si Dios juega  a los dados, o para el caso digamos que juega a la tómbola, nosotros podemos inclinar la balanza del azar para nuestros fines. Supongamos que hay una tómbola, donde se encuentran 100 bolas de color, 50 negras y 50 blancas, la posibilidad de que salga una de un color o de otro es la misma, estamos totalmente sujetos a la suerte. Ahora supongamos que lo que queremos es que la bola que salga sea negra, ¿qué nos corresponde hacer? Cambiamos la cantidad de bolas negras y blancas. Dejamos 99 negras y una blanca, pues los jueces no nos permiten sacar todas las bolas de un color, entonces tenemos un 99% de posibilidad de ser favorecidos por el resultado. Se hace el sorteo, la “mano santa” ha tomado una de las bolas de la tómbola, saca lentamente la mano y el resultado que obtenemos es, ¡la bola blanca! Lo que quiero decir con esto es que podemos tratar de hacer objetivo nuestro mundo, pero no deja de ser cruel, pues no lo podemos asegurar por completo.
La obligación del humano, es darle sentido al mundo. Quizá Dios exista, quizá no es lógico. Lo único que podemos afirmar es que creemos estar aquí y ahora, que tenemos pleno control de nuestro destino, pues no tenemos, o por lo menos eso parece, certeza absoluta, más de que no tenemos certeza absoluta de nada.
Construimos nuestro camino, pues el camino no está marcado, o por lo menos no podemos verlo de manera clara y distinta, y los sentimientos y sensaciones no son una guía, son una herramienta, al igual que la razón. Pero, para ser justos, quien nos engaña con anterioridad, puede que nos vuelva a engañar. Nietzsche dice: “Lo que me duele no es que me hayas engañado, lo que me duele es que ya no podré volver a creerte”.
Creamos un mundo en el que podamos vivir, aunque después el mundo real se burle de nuestros planes. No somos más que unos simples constructores de realidades ideales, que tal vez sean una caricatura del mundo real.
En fin, quizá no lleguemos a tener un conocimiento objetivo del mundo, quizá si. Lo que está en nuestras manos es usar las herramientas que tenemos para tratar de darle sentido al mundo, tal vez sean insuficientes, es probable que nuestro universo no tenga sentido, es creíble que el mundo tenga una razón de ser, que estemos en este mundo por alguna razón más que azarosa. ¿Quién puede asegurar algo de esto? Lo que es de verdad importante, sin menospreciar los demás temas, es que podemos determinar nuestro hoy, el presente es ese preciso momento en el que se junta lo que pudo haber sido, con lo que puede llegar a ser. No sabemos lo que nos depara, las condiciones se han juntado, nos es lícito decir que la realidad parece ser un conjunto de fenómenos que tienen una relación causal entre sí, pero estás causas deberían de ser consideradas como mera casualidad, o quizá no, aún no ha nacido quien nos pueda mostrar el camino real, o por lo menos eso queremos creer. “Ayer es historia, mañana es un misterio, pero hoy es un regalo, por eso lo llamamos presente.” 
     



[1] “El gran diseño” Stephen Hawking. Ed. Crítica. 2010.

Existencialismo moral



La moral de la libertad. El existencialismo.


La mayoría de las veces, cuándo se habla de una filosofía moral, tácitamente se está haciendo alusión a un sistema de normas socialmente aceptadas como objetivas y universales. Pero es interesante, desde el punto de vista primeramente ontológico, epistemológico y por supuesto ético, hacer notar que es prácticamente imposible definir aquello que es universal. Podemos tratar de definir lo que debe de ser considerado como universal, desde el punto de vista de la filosofía moral. Pero todo nuestro andar filosófico está basado en posibilidades, pues hasta ahora, no seríamos serios si tratamos de afirmar que tenemos conocimiento certero y absoluto de muchas cosas, entre ellas, la filosofía moral. La libertad otorgada por los pensadores es la única herramienta objetiva que tenemos para tratar de fundamentar el cómo es que se debe de vivir
Haciendo un análisis, basados en las ciencias naturales, como la antropología, sabemos que el humano es un ser social por naturaleza. Tenemos la necesidad de formar grupos, estos grupos sirven principalmente para la sobrevivencia del individuo. Este ser individual necesita estar seguro de que va a poder satisfacer sus necesidades básicas biológicas, pues como sabemos, el ciclo de la vida natural de todos los seres es nacer, crecer, reproducirse y finalmente morir. El humano es un ser natural, primeramente, por lo que tiene la necesidad instintiva de cumplir con los ciclos naturales. Si no tiene la seguridad de forma individual, es fácil ver que la busca desde un modo colectivo. Así, nos es lícito decir que lo que por naturaleza provoca que las sociedades humanas se desarrollen es el miedo, pues si instintivamente supiéramos que tenemos la posibilidad de satisfacer estás necesidades básicas, no sería necesario el grupo social.
Como podemos ver, al decir que somos entes pertenecientes a la naturaleza, somos entes objetivos, pues la naturaleza es objetiva. Las subjetividades son invenciones de la objetividad natural. Pero una cosas es ver, de manera  implícita que existe la objetividad natural, aquella que genera la especie humana,  otra cosa es afirmar que para el hombre, existe una verdad objetiva.
Una vez que se ha formado el grupo, que se tiene cierta seguridad de que las necesidades básicas estarán satisfechas, es necesario que se tomen reglas de comportamiento para que esta sociedad primitiva no fracase, pues es cierto, como dice Antonio Caso. “Sin saber nada o casi nada de la naturaleza de las cosas, hemos vivido siempre. No podríamos vivir en cambio sin saber cómo es bueno vivir” [1]
En efecto, las leyes de la física deben de ser entendidas como conjuntos de posibilidades, pues siempre que se repitan las mismas condiciones que se dieron con anterioridad se puede prácticamente asegurar que el evento se reproducirá como la última vez. Pero debemos de tener en cuenta lo que dice David Hume, la falacia naturalista, en la cual se trata de pasar del ser al deber ser. Por el hecho de que siempre haya sido de la forma como hasta ahora ha sucedido, no podemos objetivamente decir que así deberá de ser para todos los casos que sigan.
Esto también tiene una implicación moral, pues si como podemos suponer, tratar de fundamentar una filosofía moral de corte naturalista es ocioso. Dadas las condiciones sociales específicas, los partidarios de una filosofía moral naturalista, estarían de acuerdo en que los resultados serían parecidos. Lo mismo sucede con una moral que trate de fundarse en supuestos empíricos. Entonces, siguiendo el pensamiento de Hume, y de Moore en la filosofía moral, esto es falso, pues nunca podemos tener total control de las posibilidades de desarrollo para tal o cual situación específica.
Entonces está sociedad primitiva que venimos planteando necesita de las normas que regulen el comportamiento de sus individuos. Ahora, como hemos teorizado sobre la posibilidad de la filosofía de corte naturalista no es muy factible, por lo menos en papel. Ahora si en lugar de hacer una teoría, cambiamos un poco el giro de este trabajo y nos dedicamos a la narración de posibles hechos históricos que le lleguen a suceder a nuestro grupo, quizá hallemos fundamentos prácticos para la naturaleza hecha moral.
Supongamos que uno de los sujetos del grupo se ve en la necesidad de elegir entre matar o morir. Las condiciones serían las mismas en el caso de que unos hombres de nuestro clan, lleguen al campamento de otro clan. Las provisiones para el invierno escasean, los niños del clan están muriendo de frio y de hambre. Entonces, al llegar de manera fortuita, jamás con esa intención en la mente, descubren que los víveres de aquellos están descuidados, que hay solo unos cuantos kilómetros de distancia entre ambos clanes. Entonces uno de los miembros del primer grupo, tiene la idea de atacar, pues son mayores en número, la sorpresa está de su lado, pues en nuestra primitiva sociedad, no se ha visto jamás tales actos de violencia.
En la noche, cuándo quienes se supone están montando guardia son vencidos por el sueño, llega la oportunidad de los furtivos agresores, matan sin piedad, toman todo lo que necesitan, pieles, comida, agua, refugios. Han logrado el objetivo, tener seguridad para los suyos, y ¿qué tiene que ver con la moralidad? Los que han logrado su objetivo, se sientes satisfechos pues su grupo se mantiene y puede que haya ganado fama de fieros guerreros, con lo que dan pauta a que sean temidos y respetados. Al sentirse satisfechos, no tienen culpa, ¿o sí?
Si es que la culpa no está en sus corazones, cuando las condiciones se repitan, seguramente harán lo mismo, tomarán por la fuerza aquello que necesitan para satisfacer sus necesidades. Pero, si es que la culpa de haber matado a otro ser, es que no permite que vivan en paz, cuando se den las condiciones que orillaron a esta situación hay dos posibilidades: que repitan el acto, a pesar de la culpa que pueden llegar a sentir, pues los suyos necesitan de aquel sacrificio para no verse en la necesidad de ser sacrificados o renunciar al acto cruel de la matanza y buscan soluciones distintas.
Pero hay otra posibilidad, es la que derrumba la idea de la moral naturalista, pues es probable y de hecho, prácticamente seguro, que dentro del grupo se den opiniones dividas entre los sentimientos, he aquí el punto débil del naturalismo. La filosofía naturalista, se basa en los sentimientos, si el sentir que tenemos al hacer una acción moral puede catalogarse como bueno, la acción moral debe de ser buena y viceversa, si lo que sentimos le damos el adjetivo de malo, la acción moral es mala. Los miembros del grupo no están de acuerdo en lo que sienten, para algunos es más la culpa, pues se sienten mal, por lo tanto su naturaleza les dicta que ya no deben de volver a realizar una acción, pero otros tienen un sentimiento de alegría, pues de manera rápida han logrado aumentar sus reservas, con lo cual los miembros del grupo están asegurando su satisfacción. ¿Qué es lo que deben de hacer?  
Como vemos incluso en una manera práctica, una filosofía moral, basada en los sentimientos no puede ser tomada como objetiva, pues dentro de la subjetividad de cada uno de los seres, se encierra una posibilidad de concebir una naturaleza objetiva distinta.
Entonces la filosofía moral basada en la naturaleza, no puede tener aplicaciones prácticas. Se necesita otro modelo que nos lleve a la solución del problema del cómo vivir. Tal vez la solución quede inmersa en la posibilidad de tener un guía, un ser que sea capaz, ya sea por fuerza de músculos o fuerza de razón que nos muestre la forma en cómo es que hay que vivir. Entonces es en este momento, cuando hace aparición las filosofías morales que exponen normas, las cuales deben de ser cumplidas para que se lleve a cabo del desarrollo armónico de las sociedades.
Entonces ¿quién es el que manda en la sociedad?, aquel al que hay que seguir en la vida social. Aquel que tenga el poder. Y ¿quién es quien tiene el poder? Aquí es el momento ideal para hacer mención de la dialéctica del amo y del esclavo trabajada por Hegel. Uno de los representantes máximos del idealismo alemán, da la respuesta en su Fenomenología del espíritu[2]. El amo es aquel quien supera el miedo, entonces recordamos que dijimos que el miedo es lo que provoca que las sociedades se formen. Quien supera el miedo a morir es quien tiene la posibilidad de mandar en las sociedades, aquel que ha perdido el miedo, aunque sea por un rato, pero ese rato era el momento justo cuándo se podía sentir de todo, menos miedo, es quien toma las decisiones de lo que es moralmente bueno o moralmente malo.
Otro alemán, Nietzsche, será quien diga que el bien y el mal son invenciones del poder, la voluntad de poder es aquella que da fundamento a lo que es bueno o no. Ya sea que ese poder le corresponda a una inteligencia suprema, llámese Dios, una ley suprema, entendida como logos, o este recaiga en los hombres. Es el poder quien determina lo que debe de ser bueno y malo para las sociedades. Entonces la respuesta de la pregunta de quién es quién guía nuestro actuar en la sociedad, es aquel que tiene el poder, es a él a quien se debe de rendir cuentas. Quien tiene el poder es quien decide que es lo objetivo, hacía donde deben de tender nuestras acciones o por qué camino debemos de guiar nuestros pasos en materia moral.
Si hacemos lo mismo que líneas más arriba, es decir, dejamos por un momento la exposición filosófica del problema de la moral y hacemos una descripción en dónde quepa la voluntad de poder, quizá hallemos de manera definitiva lo que debe de realizarse para que se tenga una ideología a la cual seguir.
Supongamos ahora que nuestro grupo ha dejado la era prehistórica y entra en el desarrollo industrial. La revolución industrial, iniciada desde las fábricas de Inglaterra, para que después se expandiera por todo el mundo. Hasta llegar a las tierras vírgenes de América y Oceanía. El poder, representado por los dueños de las fábricas es quien determina lo que está moralmente bien. Pero surge un nuevo poder que se levanta en contra del poder antes determinado, es el proletariado. Entonces ya no solo tenemos un grupo en escena, sino que hay dos, los cuales tienen voluntad de poder, y tienen una ideología distinta. Ambas ideologías también tienen una idea de moral distinta. Entonces la gente debe preguntarse, ¿cuál es la filosofía moral que debe de seguirse?   
Ya sea siguiendo la idea del bien, guiándonos por el camino de la virtud o siguiendo los designios de Dios padre, es que debemos de comportarnos frente a la sociedad. Pero ahora surge un problema más, que en realidad es el mismo que se plantea desde el comienzo del trabajo, ¿cómo es que debemos de vivir? Una cosa es que tomemos en cuenta a un ser, que por sus características puede ser considerado superior a nosotros como miembros de un grupo determinado, y que este ser tenga una idea más clara y distinta, haciendo a alusión al método cartesiano, que nosotros. Pero, ¿qué nos puede llegar a asegurar que ese ser tiene la verdad en su mente y no aquel compañero que dice tener también en su mente la idea de algo claro y distinto?
Es decir, si dos seres en los cuales la voluntad de poder es igualmente grande, ambas quieren más poder. Pero ambas son de grupos distintos, con estándares morales diametralmente opuestos ¿qué es lo que debe de tomarse como objetivamente bueno?
El más grande de los filósofos alemanes de todos los tiempos, por lo menos como yo lo veo, quien es considerado por muchos como uno de los pilares de la filosofía occidental, Emmanuel Kant dice: “Obra de tal manera que tus máximas puedan ser consideradas como leyes universalmente válidas para todo ser racional” [3]. Aunque está sólidamente fundamentado no deja de ser un proceso que lleve hacia los sentimientos del ser racional que piense la máxima y debe de ser pensada dentro de un contexto sociotemporal determinado. Es decir, podemos ver que lo que yo considero universalmente válido, puede que no sea lo mismo que alguien más consideraría como igual, dependiendo su momento histórico y situación social. Si yo considero que las personas deben de estar juntas cuándo estás se aman, entonces no debería de haber problemas en cuánto ley universal por las parejas homosexuales. La ley universal, por su carácter de universal, debe de ser válida para todo momento histórico, para cualquier situación y cualquier contexto social. Lo cual no es cierto. Si bien, podemos decir que, a pesar de que moralmente las leyes cambian de sociedad en sociedad, de tiempo en tiempo y de cultura en cultura, la máxima no deja de ser válida, no implica que como ley moral sea absolutamente válida. Será universal, si acotamos aquel universo, pues de otra manera, sale de nuestro universo y comienza a ser considerado como una perversión moral.
Alguien perspicaz puede notar que entonces caigo en contradicción, pues si digo primero que el poder es quien determina las leyes morales, es decir le doy la facultad de determinar algo como bueno o malo, y después trato de mostrar que lo que ese poder determina, no es necesariamente bueno o malo, entonces para qué sirve el poder.
Es cierto, el poder determina las leyes morales, pero también es cierto que la historia continua su andar, entonces lo que hoy un poder A determina como bueno, mañana un poder emergente B lo puede llegar a clasificar como malo e instaurar un nuevo valor moral. Así el curso de la historia va posibilitando el cambio de leyes morales universales. Si es que queremos hacer que un conocimiento, o comportamiento sea validado como universal, debemos entonces de aspirar a la naturaleza estática. Podemos por ejemplo, describir los valores estéticos de una obra de arte, o podemos hacer un análisis axiológico de un evento en particular. Pues estos objetos ya son anacrónicos, están fuera de las realidades actuales. No es lo mismo cuando hacemos juicios de valor moral, pues dependiendo de la situación sociotemporal en la que nos veamos inscritos es como lo podemos determinar. A pesar de que el poder determine lo que está moralmente bien o moralmente mal.
Otro aspecto que vale la pena mencionar es que, como parece he aclarado, es verdad que el poder es quien va a determinar que debe de ser entendido como bueno y que debe de ser entendido como malo. El poder dice que cierta acción es buena, que debe de ser cumplida cabalmente está otra máxima, que a toda costa debe de evitar realizar esta u otra determinada acción. De no hacerse lo que el poder dictamine, aquel quien ha osado desobedecer al poder puede sufrir en el infierno, en la cárcel, en sus corazones o en cualquier otro lugar que el poder mismo determine. Pero a pesar de todo lo que el poder puede, y de hecho hace, para evitar que se hagan o se dejen de hacer tales o cuales acciones, estás aun así, se realizan.
¿Por qué es que a pesar de las prohibiciones u obligaciones determinadas por los poderes es que los subordinados a ellos siguen rompiendo las leyes?
Ese impulso que empuja a los seres hacia el bienestar, está muchas veces en contra de lo que se debe de considerar como bueno, que según los poderes es lo bueno. Incluso muchas veces, lo que es considerado como el bienestar para alguien, va en contra del ciclo natural de la vida, con lo que se está negando, según lo expuesto con anterioridad, la naturaleza objetiva del humano. Ahora el hombre que ha negado su naturaleza humana, queda expuesto, pues lo único que lo hacía parte de un todo objetivo, está superado. De esta forma, queda nuevamente demostrado que la moral naturalista no es ni cerca de una filosofía objetiva, pero que conste que no he dicho que no pueda ser una filosofía moral. Y si esto ha generado confusión y dilemas, con lo que de nuevo se puede decir que el trabajo es inconsistente, espero más adelante aclarar este dilema.  
Lo que es natural del hombre, en mi opinión que sea muy cuestionable también, pero no único tampoco, es la libertad. Es cierto que tampoco somos totalmente libres, pues la libertad física tiene un límite, pues no podemos hacer cosas para las cuales no hemos sido dotados físicamente, por ejemplo, por burdo que podría considerarse, pero que no deja de ser verdad, volar. Entonces la libertad debe de recaer toda en la mente, pues no hay límites para la imaginación, ya que la razón demarca sus propios límites[4], o por lo menos esa es la idea que se tiene. Quiero hacer un reto al lector, al cual yo he sido sometido sin tener acaso éxito. Le pido que se imagine el infinito, considerando que éste es indeterminado. La tarea se vuelve casi imposible, pues para poder imaginarse algo indeterminado, primero debemos de determinarlo, con lo cual estamos llegando a determinar el infinito, por lo tanto el infinito que por definición es indeterminado, deja de ser infinito. Entonces lo que imaginamos, no es el infinito, es una parte del infinito. El mismo está fuera de nuestras capacidades tanto racionales, como irracionales imaginativas.
Entonces, ¿la libertad dónde queda? Llegando a este punto coincido con Kant, al decir que la posibilidad de fundar la libertad queda fuera de las capacidades de la razón[5]. Entonces siguiendo los pasos del genio alemán, decimos también que la libertad queda afirmada de manera práctica[6]. Pues es cierto que de manera teórica la libertad es un concepto complicado en demasía, queda afirmada de manera práctica, pues nos vemos expuestos  a la necesidad de tomar decisiones todos los días.
Hay que dejar en claro que está la posibilidad de que ni siquiera de manera práctica seamos libres, pues como lo mencionamos antes, no conocemos totalmente el universo del que somos partícipes. Bien puede ser que exista esa inteligencia suprema, la cual conoce el destino de cada persona y está determinado que elijamos tal o cual opción. Y también estén incluidas en esta inteligencia, logos quizá, todas las consecuencias de nuestros actos y elecciones. Pero no debemos martirizarnos con la idea, pues en verdad no podemos conocer, por lo menos ahora, si es que es una verdad que pudimos vislumbrar o solo una invención de nuestra imaginación.
Lo que conocemos ahora, es que tal vez al momento de elegir seamos libres, y eso es lo que nos basta para decir que somos libres de elegir y de actuar según circunstancias que nos rodean. Para fines prácticos, cada que se diga que se es libre, se está haciendo alusión a la posibilidad de libertad.
Ahora, ¿cuál es la importancia de la libertad para las filosofías morales? Esa es la importancia de la libertad, las filosofías morales. Si es que no fuéramos libres, no podríamos elegir, sería ocioso el intento por describir cómo vivir, pues en realidad ya estaría determinado el cómo vivir. Es aquí también que podemos rescatar la filosofía naturalista como una filosofía moral, pues hemos dicho que de objetiva no tiene absolutamente nada, pero tampoco así la filosofía moral cristiana, ni platónica, ni aristotélica, tampoco la que pretende instaurar Nietzsche con vistas hacia el superhombre.
Entre lo que pueden llegar a tener en común las filosofías mencionadas, como muchas más que no tomamos en cuenta es la posibilidad de ser elegidas. Es decir que en tanto conozcamos una filosofía moral nueva, entra en juicio en nosotros, tomamos pros y contras de está y si en verdad no hay nada que influya en nuestra decisión, somos libres de aceptar o rechazarla.
Es ahora dónde hace su aparición el glorioso Soren Kierkergaard, seguido del genio de la literatura y filosofía, el francés Jean-Paul Sartre. El danés cuando menciona la angustia que permea la vida, es por no tener seguridad, pues no sabemos si es que existe una guía que nos lleve por un buen camino. Esa es la angustia que menciona Kierkergaard. Al principio del trabajo mencioné el miedo que es lo que provoca que nos reunamos en grupos para tener seguridad. Pero esa seguridad no es total, pues en el ejemplo del grupo que mata al otro, los dos eran grupos, los miembros de ambos se reunieron para obtener la seguridad pero no está asegurada con certeza ésta. Ahora que tal parece que tenemos la seguridad del grupo, regresan los miedos personales, el miedo de que el grupo consuma al individuo, el miedo viene ahora desde adentro del sistema al que ayudamos a crear. Si el sistema perfecto de seguridad, resulta que no lo es más, ¿qué es lo que podemos hacer? La libertad es lo único que nos da esperanza de subsistir.
Sartre dice que lo único que le pertenece por naturaleza al hombre es la libertad. Si somos libres, entonces somos capaces de elegir qué es lo que nos conviene y qué no. Y esto no fuera cierto, es decir que dentro de nuestras capacidades no está la de determinar lo que es bueno para nosotros de lo que no, aun así, no deja de ser verdad que podemos elegir. Aquellos hombres en los cuales recae la posibilidad de determinar las leyes morales, son libres de escoger a que asignarle el valor de bueno y a que el valor de malo. Lo mismo si pretenden escoger que sistema moral es el indicado. Habrá también quien diga que las leyes han sido dictadas por el mismo Dios, que se las han revelado en sueños o en manifestaciones repentinas de la verdad. Pero a nadie le consta que Dios en persona fue que determino las leyes, lo que es cierto es que un hombre fue quien las escribió, quien las interpreto, quien las está llevando a cabo, así como él las entendió. Cada quien interpreta las señales como mejor les plazca, como mejor le acomode a determinadas circunstancias[7].
El hecho de que la voluntad de poder determine el bien y el mal, no interfiere con la capacidad de elegir de todos los demás. Y es esa capacidad de elegir, lo que hace que las leyes morales se vean determinadas para distintas épocas y circunstancias. La realidad, como lo mencionamos antes, no es inmutable, pues el hombre es quien modifica la realidad. Cada época se puede llegar a decir que esto es objetivo y que un determinado valor debe de ser el ideal a seguir. Pero tratar de hacer que todos los hombres consideren a un valor arbitrario, como universal y eterno no es posible. En todo caso, tampoco pretendo que se piense que la ética que proponen los pensadores existencialistas sea considerada como la filosofía moral que debe  de regir en todos los casos. Pues este sistema moral de libertad es válido solo cuándo la libertad existe, y si es que por algún método del cual no tenemos conocimiento, o por alguna razón que escapa de nuestra razón misma, descubrimos que no somos libres, que debemos de seguir una ley objetiva, entonces esta posibilidad tiene que dejar de ser considerada como útil.
Mientras tanto, la única verdad objetiva que tenemos es la posibilidad de elegir, podemos tomar la decisión que pensemos que nos conviene más para determinadas circunstancias. Al decir esto, tampoco me estoy refiriendo a que cada que las posibilidades se repitan, se debe por ley, tomar las mismas decisiones. Lo que hoy puede ser considerado por mí como válido y universal, pude ser que mañana sea considerado como arbitrario e incluso con adjetivos despectivos. Entonces no estoy tratando de decir que si hoy decidimos tomar una acción determinada esta debe de permear todos los ámbitos de la vida futura.
Si hoy me guio por el camino de la virtud, es quizá porque mis circunstancias lo ameritan, pero si mañana cambian mis circunstancias, lo más probable y no por esto hipócrita, cambien también mis normas morales.
Podemos igualmente pasar al lado narrativo, como lo hicimos antes, pero esta vez, de una manera exagerada, que no por eso imposible, pensemos en la posibilidad de un mundo lleno de Zombies[8].
Supongamos que vivimos en una sociedad ideal, en la que el desarrollo científico se puede sentir en todos los ámbitos de la vida diaria, las clases sociales marginadas se han vuelto clases desarrolladas, la pobreza, el analfabetismo, las enfermedades han sido erradicadas de la tierra. La norma moral de “no matar más que lo necesario para comer”, es respetada por todos, la paz reina en la tierra. Por la misma situación de seguridad que se tiene hasta cierto punto las defensas bajas, pues, ¿qué puede pasar en un mundo así? Pongamos un poco de caos en nuestro hipotético mundo feliz.
Un virus muta más rápido de lo que los científicos pueden encontrar la cura. Este virus es parecido al que ataca a ciertas bacterias que dejan de producir sus actividades metabólicas y comienzan a desarrollar actitudes atípicas, enfocadas al mantenimiento y reproducción del virus.
Una tarde este virus logra escapar de la sala de seguridad, una falla en el sistema, entonces comienza la infección. El paciente cero muere en cuestión de horas, pero como los médicos que lo atendieron nunca supieron contra que se enfrentaban, no tomaron las precauciones necesarias, por lo que caen enfermos en sus casas.
El paciente cero despierta de su sueño letárgico y comienza a morder a todos los que se encontraban en la morgue. Comienza el apocalipsis, pues los muertos son contagiados, cadáveres en descomposición corriendo por las calles en busca de comida para los huéspedes que alberga en su ser. Entonces la norma de “no matar más que lo necesario para comer” ya no es válida, en cambio queda la norma de “matar o morir”. Las circunstancias han cambiado, por lo que es necesario cambiar también las normas morales para que la sociedad humana pueda subsistir en un mundo al que somos arrojados sin manual y sin guía aparente.
Y es que aquí queda la posibilidad de definir algo más. El humano queda superado, entonces por el hombre. El humano necesita de las leyes morales, pues recordemos a Caso, no podemos vivir sin saber cómo vivir. “Puesto que, sin ley, no es posible dar pábulo a aquello que se prohíbe, la humanidad necesita de este paso fronterizo, del discurso de la prohibición, para existir como restricción contra sí misma, como negación de lo no-humano”.[9] Es necesario que sepamos de qué manera nos vamos a comportar en un determinado espacio sociotemporal, pues las leyes de convivencia son necesarias, no por esto indispensable que sea objetiva y universal.
Tal vez, nunca lleguemos a conocer aquello a lo que los filósofos gustamos llamar el logos, quizá ni siquiera exista y solo discutimos en vano. Tal vez seamos como perros persiguiendo las llantas de los autos, si las alcanzamos, no sabríamos que hacer, ni tendríamos idea del riesgo que corremos al tenerlas entre nuestras fauces. Lo que si sabemos ahora es que somos libres y que tenemos la posibilidad de elegir aquello que pensamos es lo mejor para nosotros. Es muy probable que ni siquiera sea lo mejor, pero es la posibilidad de elegir lo que nos hace libres.
Me gustaría terminar mi trabajo con una frase de Enrique Tierno Galván. Bendito sea el caos, pues es síntoma de libertad.        



[1] “Antología filosófica” Antonio Caso. Biblioteca del estudiante universitario. UNAM, 1985.
[2] “Fenomenología del Espíritu” G. W. F. Hegel. Fondo de Cultura Económica. México, 1966.
[3] “Fundamentación de la Metafísica de las Costumbres” Emmanuel Kant. Las cuarenta. 2012.
[4]  “Crítica de la Razón Pura” Emmanuel Kant. Taurus. 2005.
[5] Op. Cit.
[6] “Critica de la Razón Práctica” Emmanuel Kant. Porrúa. 2004
[7] “El existencialismo en un humanismo” Jean-Paul Sartre. Tomo. 2004
[8] “Filosofía zombie” Jorge Fernández Gonzalo. Anagrama. 2011
[9] Op. Cit.
México DF. 13 de mayo de 1992.

Escritor por afición, inquisitivo por vocación. De intereses variados y nada específicos, naturaleza difícil de clasificar. Hoy puede que me guste algo, que mañana llegaré a aborrecer. Intelectual de Wikipedia, yo sólo sé que no sé nada, pero todo lo que sube tiene que bajar y al revés.

De todo un poco, más nada que algo.*

Éste Blog lo ocuparé para hacer mensión de temas de interés, mas que general, generalmente mío. Con cambios en el estilo de redacción (a veces en el mismo texto), opiniones contradictorias, ambigüedades a más no poder, una que otra falta de hortográfia, no espero que me consideren como una fuente confiable de información, de referencia. 

Habiendo tantos sitios especializados y popularizados en internet, agradezco (o no)  a quienes llegaran a leer mis escritos....

*Nota más que personal: "Quiero hacer notar que la descripción original es de un temprano yo, pero pretendo dejarla por honor mismo, al recorrido que he realizado, quizá no se asemeja a lo que puedo, o cómo me podría expresar el día de hoy. Pero lo añoro y respeto.

Lo que está en negritas, es lo que le aumento a un futuro (textual) y presente (temporal) yo