La moral de la libertad. El existencialismo.
La mayoría de las
veces, cuándo se habla de una filosofía moral, tácitamente se está haciendo
alusión a un sistema de normas socialmente aceptadas como objetivas y
universales. Pero es interesante, desde el punto de vista primeramente
ontológico, epistemológico y por supuesto ético, hacer notar que es
prácticamente imposible definir aquello que es universal. Podemos tratar de definir
lo que debe de ser considerado como universal, desde el punto de vista de la
filosofía moral. Pero todo nuestro andar filosófico está basado en posibilidades,
pues hasta ahora, no seríamos serios si tratamos de afirmar que tenemos
conocimiento certero y absoluto de muchas cosas, entre ellas, la filosofía
moral. La libertad otorgada por los pensadores es la única herramienta objetiva
que tenemos para tratar de fundamentar el cómo es que se debe de vivir
Haciendo un análisis,
basados en las ciencias naturales, como la antropología, sabemos que el humano
es un ser social por naturaleza. Tenemos la necesidad de formar grupos, estos
grupos sirven principalmente para la sobrevivencia del individuo. Este ser
individual necesita estar seguro de que va a poder satisfacer sus necesidades
básicas biológicas, pues como sabemos, el ciclo de la vida natural de todos los
seres es nacer, crecer, reproducirse y finalmente morir. El humano es un ser
natural, primeramente, por lo que tiene la necesidad instintiva de cumplir con
los ciclos naturales. Si no tiene la seguridad de forma individual, es fácil
ver que la busca desde un modo colectivo. Así, nos es lícito decir que lo que
por naturaleza provoca que las sociedades humanas se desarrollen es el miedo,
pues si instintivamente supiéramos que tenemos la posibilidad de satisfacer
estás necesidades básicas, no sería necesario el grupo social.
Como podemos ver, al
decir que somos entes pertenecientes a la naturaleza, somos entes objetivos,
pues la naturaleza es objetiva. Las subjetividades son invenciones de la
objetividad natural. Pero una cosas es ver, de manera implícita que existe la objetividad natural,
aquella que genera la especie humana,
otra cosa es afirmar que para el hombre, existe una verdad objetiva.
Una vez que se ha
formado el grupo, que se tiene cierta seguridad de que las necesidades básicas
estarán satisfechas, es necesario que se tomen reglas de comportamiento para
que esta sociedad primitiva no fracase, pues es cierto, como dice Antonio Caso.
“Sin saber nada o casi nada de la
naturaleza de las cosas, hemos vivido siempre. No podríamos vivir en cambio sin
saber cómo es bueno vivir” [1]
En efecto, las leyes
de la física deben de ser entendidas como conjuntos de posibilidades, pues
siempre que se repitan las mismas condiciones que se dieron con anterioridad se
puede prácticamente asegurar que el evento se reproducirá como la última vez.
Pero debemos de tener en cuenta lo que dice David Hume, la falacia naturalista,
en la cual se trata de pasar del ser al
deber ser. Por el hecho de que
siempre haya sido de la forma como hasta ahora ha sucedido, no podemos
objetivamente decir que así deberá de ser para todos los casos que sigan.
Esto también tiene
una implicación moral, pues si como podemos suponer, tratar de fundamentar una
filosofía moral de corte naturalista es ocioso. Dadas las condiciones sociales
específicas, los partidarios de una filosofía moral naturalista, estarían de
acuerdo en que los resultados serían parecidos. Lo mismo sucede con una moral que
trate de fundarse en supuestos empíricos. Entonces, siguiendo el pensamiento de
Hume, y de Moore en la filosofía moral, esto es falso, pues nunca podemos tener
total control de las posibilidades de desarrollo para tal o cual situación
específica.
Entonces está
sociedad primitiva que venimos planteando necesita de las normas que regulen el
comportamiento de sus individuos. Ahora, como hemos teorizado sobre la
posibilidad de la filosofía de corte naturalista no es muy factible, por lo
menos en papel. Ahora si en lugar de hacer una teoría, cambiamos un poco el
giro de este trabajo y nos dedicamos a la narración de posibles hechos
históricos que le lleguen a suceder a nuestro grupo, quizá hallemos fundamentos
prácticos para la naturaleza hecha moral.
Supongamos que uno de
los sujetos del grupo se ve en la necesidad de elegir entre matar o morir. Las
condiciones serían las mismas en el caso de que unos hombres de nuestro clan,
lleguen al campamento de otro clan. Las provisiones para el invierno escasean,
los niños del clan están muriendo de frio y de hambre. Entonces, al llegar de
manera fortuita, jamás con esa intención en la mente, descubren que los víveres
de aquellos están descuidados, que hay solo unos cuantos kilómetros de
distancia entre ambos clanes. Entonces uno de los miembros del primer grupo,
tiene la idea de atacar, pues son mayores en número, la sorpresa está de su
lado, pues en nuestra primitiva sociedad, no se ha visto jamás tales actos de
violencia.
En la noche, cuándo
quienes se supone están montando guardia son vencidos por el sueño, llega la
oportunidad de los furtivos agresores, matan sin piedad, toman todo lo que
necesitan, pieles, comida, agua, refugios. Han logrado el objetivo, tener
seguridad para los suyos, y ¿qué tiene que ver con la moralidad? Los que han
logrado su objetivo, se sientes satisfechos pues su grupo se mantiene y puede
que haya ganado fama de fieros guerreros, con lo que dan pauta a que sean
temidos y respetados. Al sentirse satisfechos, no tienen culpa, ¿o sí?
Si es que la culpa no
está en sus corazones, cuando las condiciones se repitan, seguramente harán lo
mismo, tomarán por la fuerza aquello que necesitan para satisfacer sus
necesidades. Pero, si es que la culpa de haber matado a otro ser, es que no
permite que vivan en paz, cuando se den las condiciones que orillaron a esta
situación hay dos posibilidades: que repitan el acto, a pesar de la culpa que
pueden llegar a sentir, pues los suyos necesitan de aquel sacrificio para no
verse en la necesidad de ser sacrificados o renunciar al acto cruel de la
matanza y buscan soluciones distintas.
Pero hay otra
posibilidad, es la que derrumba la idea de la moral naturalista, pues es
probable y de hecho, prácticamente seguro, que dentro del grupo se den
opiniones dividas entre los sentimientos, he aquí el punto débil del
naturalismo. La filosofía naturalista, se basa en los sentimientos, si el
sentir que tenemos al hacer una acción moral puede catalogarse como bueno, la
acción moral debe de ser buena y viceversa, si lo que sentimos le damos el
adjetivo de malo, la acción moral es mala. Los miembros del grupo no están de
acuerdo en lo que sienten, para algunos es más la culpa, pues se sienten mal,
por lo tanto su naturaleza les dicta que ya no deben de volver a realizar una
acción, pero otros tienen un sentimiento de alegría, pues de manera rápida han
logrado aumentar sus reservas, con lo cual los miembros del grupo están
asegurando su satisfacción. ¿Qué es lo que deben de hacer?
Como vemos incluso en
una manera práctica, una filosofía moral, basada en los sentimientos no puede
ser tomada como objetiva, pues dentro de la subjetividad de cada uno de los
seres, se encierra una posibilidad de concebir una naturaleza objetiva
distinta.
Entonces la filosofía
moral basada en la naturaleza, no puede tener aplicaciones prácticas. Se
necesita otro modelo que nos lleve a la solución del problema del cómo vivir.
Tal vez la solución quede inmersa en la posibilidad de tener un guía, un ser
que sea capaz, ya sea por fuerza de músculos o fuerza de razón que nos muestre
la forma en cómo es que hay que vivir. Entonces es en este momento, cuando hace
aparición las filosofías morales que exponen normas, las cuales deben de ser
cumplidas para que se lleve a cabo del desarrollo armónico de las sociedades.
Entonces ¿quién es el
que manda en la sociedad?, aquel al que hay que seguir en la vida social. Aquel
que tenga el poder. Y ¿quién es quien tiene el poder? Aquí es el momento ideal
para hacer mención de la dialéctica del amo y del esclavo trabajada por Hegel.
Uno de los representantes máximos del idealismo alemán, da la respuesta en su
Fenomenología del espíritu[2].
El amo es aquel quien supera el miedo, entonces recordamos que dijimos que el
miedo es lo que provoca que las sociedades se formen. Quien supera el miedo a
morir es quien tiene la posibilidad de mandar en las sociedades, aquel que ha
perdido el miedo, aunque sea por un rato, pero ese rato era el momento justo
cuándo se podía sentir de todo, menos miedo, es quien toma las decisiones de lo
que es moralmente bueno o moralmente malo.
Otro alemán,
Nietzsche, será quien diga que el bien y el mal son invenciones del poder, la
voluntad de poder es aquella que da fundamento a lo que es bueno o no. Ya sea
que ese poder le corresponda a una inteligencia suprema, llámese Dios, una ley
suprema, entendida como logos, o este recaiga en los hombres. Es el poder quien
determina lo que debe de ser bueno y malo para las sociedades. Entonces la
respuesta de la pregunta de quién es quién guía nuestro actuar en la sociedad,
es aquel que tiene el poder, es a él a quien se debe de rendir cuentas. Quien
tiene el poder es quien decide que es lo objetivo, hacía donde deben de tender
nuestras acciones o por qué camino debemos de guiar nuestros pasos en materia
moral.
Si hacemos lo mismo
que líneas más arriba, es decir, dejamos por un momento la exposición
filosófica del problema de la moral y hacemos una descripción en dónde quepa la
voluntad de poder, quizá hallemos de manera definitiva lo que debe de
realizarse para que se tenga una ideología a la cual seguir.
Supongamos ahora que
nuestro grupo ha dejado la era prehistórica y entra en el desarrollo industrial.
La revolución industrial, iniciada desde las fábricas de Inglaterra, para que
después se expandiera por todo el mundo. Hasta llegar a las tierras vírgenes de
América y Oceanía. El poder, representado por los dueños de las fábricas es
quien determina lo que está moralmente bien. Pero surge un nuevo poder que se
levanta en contra del poder antes determinado, es el proletariado. Entonces ya
no solo tenemos un grupo en escena, sino que hay dos, los cuales tienen
voluntad de poder, y tienen una ideología distinta. Ambas ideologías también
tienen una idea de moral distinta. Entonces la gente debe preguntarse, ¿cuál es
la filosofía moral que debe de seguirse?
Ya sea siguiendo la
idea del bien, guiándonos por el camino de la virtud o siguiendo los designios
de Dios padre, es que debemos de comportarnos frente a la sociedad. Pero ahora
surge un problema más, que en realidad es el mismo que se plantea desde el
comienzo del trabajo, ¿cómo es que debemos de vivir? Una cosa es que tomemos en
cuenta a un ser, que por sus características puede ser considerado superior a
nosotros como miembros de un grupo determinado, y que este ser tenga una idea
más clara y distinta, haciendo a alusión al método cartesiano, que nosotros.
Pero, ¿qué nos puede llegar a asegurar que ese ser tiene la verdad en su mente
y no aquel compañero que dice tener también en su mente la idea de algo claro y
distinto?
Es decir, si dos
seres en los cuales la voluntad de poder es igualmente grande, ambas quieren
más poder. Pero ambas son de grupos distintos, con estándares morales
diametralmente opuestos ¿qué es lo que debe de tomarse como objetivamente
bueno?
El más grande de los
filósofos alemanes de todos los tiempos, por lo menos como yo lo veo, quien es
considerado por muchos como uno de los pilares de la filosofía occidental,
Emmanuel Kant dice: “Obra de tal manera
que tus máximas puedan ser consideradas como leyes universalmente válidas para
todo ser racional” [3].
Aunque está sólidamente fundamentado no deja de ser un proceso que lleve hacia
los sentimientos del ser racional que piense la máxima y debe de ser pensada
dentro de un contexto sociotemporal determinado. Es decir, podemos ver que lo
que yo considero universalmente válido, puede que no sea lo mismo que alguien
más consideraría como igual, dependiendo su momento histórico y situación
social. Si yo considero que las personas deben de estar juntas cuándo estás se
aman, entonces no debería de haber problemas en cuánto ley universal por las
parejas homosexuales. La ley universal, por su carácter de universal, debe de
ser válida para todo momento histórico, para cualquier situación y cualquier
contexto social. Lo cual no es cierto. Si bien, podemos decir que, a pesar de
que moralmente las leyes cambian de sociedad en sociedad, de tiempo en tiempo y
de cultura en cultura, la máxima no deja de ser válida, no implica que como ley
moral sea absolutamente válida. Será universal, si acotamos aquel universo,
pues de otra manera, sale de nuestro universo y comienza a ser considerado como
una perversión moral.
Alguien perspicaz
puede notar que entonces caigo en contradicción, pues si digo primero que el
poder es quien determina las leyes morales, es decir le doy la facultad de
determinar algo como bueno o malo, y después trato de mostrar que lo que ese
poder determina, no es necesariamente bueno o malo, entonces para qué sirve el
poder.
Es cierto, el poder
determina las leyes morales, pero también es cierto que la historia continua su
andar, entonces lo que hoy un poder A determina como bueno, mañana un poder
emergente B lo puede llegar a clasificar como malo e instaurar un nuevo valor
moral. Así el curso de la historia va posibilitando el cambio de leyes morales
universales. Si es que queremos hacer que un conocimiento, o comportamiento sea
validado como universal, debemos entonces de aspirar a la naturaleza estática.
Podemos por ejemplo, describir los valores estéticos de una obra de arte, o
podemos hacer un análisis axiológico de un evento en particular. Pues estos
objetos ya son anacrónicos, están fuera de las realidades actuales. No es lo
mismo cuando hacemos juicios de valor moral, pues dependiendo de la situación
sociotemporal en la que nos veamos inscritos es como lo podemos determinar. A
pesar de que el poder determine lo que está moralmente bien o moralmente mal.
Otro aspecto que vale
la pena mencionar es que, como parece he aclarado, es verdad que el poder es
quien va a determinar que debe de ser entendido como bueno y que debe de ser
entendido como malo. El poder dice que cierta acción es buena, que debe de ser
cumplida cabalmente está otra máxima, que a toda costa debe de evitar realizar
esta u otra determinada acción. De no hacerse lo que el poder dictamine, aquel
quien ha osado desobedecer al poder puede sufrir en el infierno, en la cárcel,
en sus corazones o en cualquier otro lugar que el poder mismo determine. Pero a
pesar de todo lo que el poder puede, y de hecho hace, para evitar que se hagan
o se dejen de hacer tales o cuales acciones, estás aun así, se realizan.
¿Por qué es que a
pesar de las prohibiciones u obligaciones determinadas por los poderes es que
los subordinados a ellos siguen rompiendo las leyes?
Ese impulso que
empuja a los seres hacia el bienestar, está muchas veces en contra de lo que se
debe de considerar como bueno, que según los poderes es lo bueno. Incluso
muchas veces, lo que es considerado como el bienestar para alguien, va en contra
del ciclo natural de la vida, con lo que se está negando, según lo expuesto con
anterioridad, la naturaleza objetiva del humano. Ahora el hombre que ha negado
su naturaleza humana, queda expuesto, pues lo único que lo hacía parte de un
todo objetivo, está superado. De esta forma, queda nuevamente demostrado que la
moral naturalista no es ni cerca de una filosofía objetiva, pero que conste que
no he dicho que no pueda ser una filosofía moral. Y si esto ha generado
confusión y dilemas, con lo que de nuevo se puede decir que el trabajo es
inconsistente, espero más adelante aclarar este dilema.
Lo que es natural del
hombre, en mi opinión que sea muy cuestionable también, pero no único tampoco,
es la libertad. Es cierto que tampoco somos totalmente libres, pues la libertad
física tiene un límite, pues no podemos hacer cosas para las cuales no hemos
sido dotados físicamente, por ejemplo, por burdo que podría considerarse, pero
que no deja de ser verdad, volar. Entonces la libertad debe de recaer toda en la
mente, pues no hay límites para la imaginación, ya que la razón demarca sus
propios límites[4],
o por lo menos esa es la idea que se tiene. Quiero hacer un reto al lector, al
cual yo he sido sometido sin tener acaso éxito. Le pido que se imagine el
infinito, considerando que éste es indeterminado. La tarea se vuelve casi
imposible, pues para poder imaginarse algo indeterminado, primero debemos de
determinarlo, con lo cual estamos llegando a determinar el infinito, por lo
tanto el infinito que por definición es indeterminado, deja de ser infinito.
Entonces lo que imaginamos, no es el infinito, es una parte del infinito. El
mismo está fuera de nuestras capacidades tanto racionales, como irracionales
imaginativas.
Entonces, ¿la
libertad dónde queda? Llegando a este punto coincido con Kant, al decir que la
posibilidad de fundar la libertad queda fuera de las capacidades de la razón[5].
Entonces siguiendo los pasos del genio alemán, decimos también que la libertad
queda afirmada de manera práctica[6].
Pues es cierto que de manera teórica la libertad es un concepto complicado en
demasía, queda afirmada de manera práctica, pues nos vemos expuestos a la necesidad de tomar decisiones todos los
días.
Hay que dejar en
claro que está la posibilidad de que ni siquiera de manera práctica seamos
libres, pues como lo mencionamos antes, no conocemos totalmente el universo del
que somos partícipes. Bien puede ser que exista esa inteligencia suprema, la
cual conoce el destino de cada persona y está determinado que elijamos tal o
cual opción. Y también estén incluidas en esta inteligencia, logos quizá, todas
las consecuencias de nuestros actos y elecciones. Pero no debemos martirizarnos
con la idea, pues en verdad no podemos conocer, por lo menos ahora, si es que
es una verdad que pudimos vislumbrar o solo una invención de nuestra
imaginación.
Lo que conocemos
ahora, es que tal vez al momento de elegir seamos libres, y eso es lo que nos
basta para decir que somos libres de elegir y de actuar según circunstancias
que nos rodean. Para fines prácticos, cada que se diga que se es libre, se está
haciendo alusión a la posibilidad de libertad.
Ahora, ¿cuál es la
importancia de la libertad para las filosofías morales? Esa es la importancia
de la libertad, las filosofías morales. Si es que no fuéramos libres, no
podríamos elegir, sería ocioso el intento por describir cómo vivir, pues en
realidad ya estaría determinado el cómo vivir. Es aquí también que podemos
rescatar la filosofía naturalista como una filosofía moral, pues hemos dicho
que de objetiva no tiene absolutamente nada, pero tampoco así la filosofía
moral cristiana, ni platónica, ni aristotélica, tampoco la que pretende
instaurar Nietzsche con vistas hacia el superhombre.
Entre lo que pueden
llegar a tener en común las filosofías mencionadas, como muchas más que no
tomamos en cuenta es la posibilidad de ser elegidas. Es decir que en tanto
conozcamos una filosofía moral nueva, entra en juicio en nosotros, tomamos pros
y contras de está y si en verdad no hay nada que influya en nuestra decisión,
somos libres de aceptar o rechazarla.
Es ahora dónde hace
su aparición el glorioso Soren Kierkergaard, seguido del genio de la literatura
y filosofía, el francés Jean-Paul Sartre. El danés cuando menciona la angustia
que permea la vida, es por no tener seguridad, pues no sabemos si es que existe
una guía que nos lleve por un buen camino. Esa es la angustia que menciona
Kierkergaard. Al principio del trabajo mencioné el miedo que es lo que provoca
que nos reunamos en grupos para tener seguridad. Pero esa seguridad no es
total, pues en el ejemplo del grupo que mata al otro, los dos eran grupos, los
miembros de ambos se reunieron para obtener la seguridad pero no está asegurada
con certeza ésta. Ahora que tal parece que tenemos la seguridad del grupo,
regresan los miedos personales, el miedo de que el grupo consuma al individuo,
el miedo viene ahora desde adentro del sistema al que ayudamos a crear. Si el
sistema perfecto de seguridad, resulta que no lo es más, ¿qué es lo que podemos
hacer? La libertad es lo único que nos da esperanza de subsistir.
Sartre dice que lo
único que le pertenece por naturaleza al hombre es la libertad. Si somos
libres, entonces somos capaces de elegir qué es lo que nos conviene y qué no. Y
esto no fuera cierto, es decir que dentro de nuestras capacidades no está la de
determinar lo que es bueno para nosotros de lo que no, aun así, no deja de ser
verdad que podemos elegir. Aquellos hombres en los cuales recae la posibilidad
de determinar las leyes morales, son libres de escoger a que asignarle el valor
de bueno y a que el valor de malo. Lo mismo si pretenden escoger que sistema
moral es el indicado. Habrá también quien diga que las leyes han sido dictadas
por el mismo Dios, que se las han revelado en sueños o en manifestaciones
repentinas de la verdad. Pero a nadie le consta que Dios en persona fue que
determino las leyes, lo que es cierto es que un hombre fue quien las escribió,
quien las interpreto, quien las está llevando a cabo, así como él las entendió.
Cada quien interpreta las señales como mejor les plazca, como mejor le acomode
a determinadas circunstancias[7].
El hecho de que la
voluntad de poder determine el bien y el mal, no interfiere con la capacidad de
elegir de todos los demás. Y es esa capacidad de elegir, lo que hace que las
leyes morales se vean determinadas para distintas épocas y circunstancias. La
realidad, como lo mencionamos antes, no es inmutable, pues el hombre es quien
modifica la realidad. Cada época se puede llegar a decir que esto es objetivo y
que un determinado valor debe de ser el ideal a seguir. Pero tratar de hacer
que todos los hombres consideren a un valor arbitrario, como universal y eterno
no es posible. En todo caso, tampoco pretendo que se piense que la ética que
proponen los pensadores existencialistas sea considerada como la filosofía
moral que debe de regir en todos los
casos. Pues este sistema moral de libertad es válido solo cuándo la libertad
existe, y si es que por algún método del cual no tenemos conocimiento, o por
alguna razón que escapa de nuestra razón misma, descubrimos que no somos
libres, que debemos de seguir una ley objetiva, entonces esta posibilidad tiene
que dejar de ser considerada como útil.
Mientras tanto, la
única verdad objetiva que tenemos es la posibilidad de elegir, podemos tomar la
decisión que pensemos que nos conviene más para determinadas circunstancias. Al
decir esto, tampoco me estoy refiriendo a que cada que las posibilidades se
repitan, se debe por ley, tomar las mismas decisiones. Lo que hoy puede ser
considerado por mí como válido y universal, pude ser que mañana sea considerado
como arbitrario e incluso con adjetivos despectivos. Entonces no estoy tratando
de decir que si hoy decidimos tomar una acción determinada esta debe de permear
todos los ámbitos de la vida futura.
Si hoy me guio por el
camino de la virtud, es quizá porque mis circunstancias lo ameritan, pero si
mañana cambian mis circunstancias, lo más probable y no por esto hipócrita,
cambien también mis normas morales.
Podemos igualmente
pasar al lado narrativo, como lo hicimos antes, pero esta vez, de una manera
exagerada, que no por eso imposible, pensemos en la posibilidad de un mundo
lleno de Zombies[8].
Supongamos que
vivimos en una sociedad ideal, en la que el desarrollo científico se puede
sentir en todos los ámbitos de la vida diaria, las clases sociales marginadas
se han vuelto clases desarrolladas, la pobreza, el analfabetismo, las
enfermedades han sido erradicadas de la tierra. La norma moral de “no matar más
que lo necesario para comer”, es respetada por todos, la paz reina en la
tierra. Por la misma situación de seguridad que se tiene hasta cierto punto las
defensas bajas, pues, ¿qué puede pasar en un mundo así? Pongamos un poco de
caos en nuestro hipotético mundo feliz.
Un virus muta más
rápido de lo que los científicos pueden encontrar la cura. Este virus es
parecido al que ataca a ciertas bacterias que dejan de producir sus actividades
metabólicas y comienzan a desarrollar actitudes atípicas, enfocadas al
mantenimiento y reproducción del virus.
Una tarde este virus
logra escapar de la sala de seguridad, una falla en el sistema, entonces
comienza la infección. El paciente cero muere en cuestión de horas, pero como
los médicos que lo atendieron nunca supieron contra que se enfrentaban, no
tomaron las precauciones necesarias, por lo que caen enfermos en sus casas.
El paciente cero
despierta de su sueño letárgico y comienza a morder a todos los que se
encontraban en la morgue. Comienza el apocalipsis, pues los muertos son contagiados,
cadáveres en descomposición corriendo por las calles en busca de comida para
los huéspedes que alberga en su ser. Entonces la norma de “no matar más que lo
necesario para comer” ya no es válida, en cambio queda la norma de “matar o
morir”. Las circunstancias han cambiado, por lo que es necesario cambiar
también las normas morales para que la sociedad humana pueda subsistir en un
mundo al que somos arrojados sin manual y sin guía aparente.
Y es que aquí queda la
posibilidad de definir algo más. El humano queda superado, entonces por el
hombre. El humano necesita de las leyes morales, pues recordemos a Caso, no
podemos vivir sin saber cómo vivir. “Puesto
que, sin ley, no es posible dar pábulo a aquello que se prohíbe, la humanidad
necesita de este paso fronterizo, del discurso de la prohibición, para existir
como restricción contra sí misma, como negación de lo no-humano”.[9]
Es necesario que sepamos de qué manera nos vamos a comportar en un
determinado espacio sociotemporal, pues las leyes de convivencia son
necesarias, no por esto indispensable que sea objetiva y universal.
Tal vez, nunca
lleguemos a conocer aquello a lo que los filósofos gustamos llamar el logos,
quizá ni siquiera exista y solo discutimos en vano. Tal vez seamos como perros
persiguiendo las llantas de los autos, si las alcanzamos, no sabríamos que
hacer, ni tendríamos idea del riesgo que corremos al tenerlas entre nuestras
fauces. Lo que si sabemos ahora es que somos libres y que tenemos la
posibilidad de elegir aquello que pensamos es lo mejor para nosotros. Es muy
probable que ni siquiera sea lo mejor, pero es la posibilidad de elegir lo que
nos hace libres.
Me gustaría terminar
mi trabajo con una frase de Enrique Tierno Galván.
Bendito sea el caos, pues es síntoma de libertad.
[1] “Antología filosófica” Antonio Caso. Biblioteca del estudiante
universitario. UNAM, 1985.
[2] “Fenomenología del Espíritu” G. W. F. Hegel. Fondo de Cultura
Económica. México, 1966.
[3] “Fundamentación de la Metafísica de las Costumbres” Emmanuel Kant. Las
cuarenta. 2012.
[4] “Crítica de la Razón Pura”
Emmanuel Kant. Taurus. 2005.
[5] Op. Cit.
[6] “Critica de la Razón Práctica” Emmanuel Kant. Porrúa. 2004
[7] “El existencialismo en un humanismo” Jean-Paul Sartre. Tomo. 2004
[8] “Filosofía zombie” Jorge Fernández Gonzalo. Anagrama. 2011
[9] Op. Cit.
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