domingo, 29 de junio de 2014

Existencialismo moral



La moral de la libertad. El existencialismo.


La mayoría de las veces, cuándo se habla de una filosofía moral, tácitamente se está haciendo alusión a un sistema de normas socialmente aceptadas como objetivas y universales. Pero es interesante, desde el punto de vista primeramente ontológico, epistemológico y por supuesto ético, hacer notar que es prácticamente imposible definir aquello que es universal. Podemos tratar de definir lo que debe de ser considerado como universal, desde el punto de vista de la filosofía moral. Pero todo nuestro andar filosófico está basado en posibilidades, pues hasta ahora, no seríamos serios si tratamos de afirmar que tenemos conocimiento certero y absoluto de muchas cosas, entre ellas, la filosofía moral. La libertad otorgada por los pensadores es la única herramienta objetiva que tenemos para tratar de fundamentar el cómo es que se debe de vivir
Haciendo un análisis, basados en las ciencias naturales, como la antropología, sabemos que el humano es un ser social por naturaleza. Tenemos la necesidad de formar grupos, estos grupos sirven principalmente para la sobrevivencia del individuo. Este ser individual necesita estar seguro de que va a poder satisfacer sus necesidades básicas biológicas, pues como sabemos, el ciclo de la vida natural de todos los seres es nacer, crecer, reproducirse y finalmente morir. El humano es un ser natural, primeramente, por lo que tiene la necesidad instintiva de cumplir con los ciclos naturales. Si no tiene la seguridad de forma individual, es fácil ver que la busca desde un modo colectivo. Así, nos es lícito decir que lo que por naturaleza provoca que las sociedades humanas se desarrollen es el miedo, pues si instintivamente supiéramos que tenemos la posibilidad de satisfacer estás necesidades básicas, no sería necesario el grupo social.
Como podemos ver, al decir que somos entes pertenecientes a la naturaleza, somos entes objetivos, pues la naturaleza es objetiva. Las subjetividades son invenciones de la objetividad natural. Pero una cosas es ver, de manera  implícita que existe la objetividad natural, aquella que genera la especie humana,  otra cosa es afirmar que para el hombre, existe una verdad objetiva.
Una vez que se ha formado el grupo, que se tiene cierta seguridad de que las necesidades básicas estarán satisfechas, es necesario que se tomen reglas de comportamiento para que esta sociedad primitiva no fracase, pues es cierto, como dice Antonio Caso. “Sin saber nada o casi nada de la naturaleza de las cosas, hemos vivido siempre. No podríamos vivir en cambio sin saber cómo es bueno vivir” [1]
En efecto, las leyes de la física deben de ser entendidas como conjuntos de posibilidades, pues siempre que se repitan las mismas condiciones que se dieron con anterioridad se puede prácticamente asegurar que el evento se reproducirá como la última vez. Pero debemos de tener en cuenta lo que dice David Hume, la falacia naturalista, en la cual se trata de pasar del ser al deber ser. Por el hecho de que siempre haya sido de la forma como hasta ahora ha sucedido, no podemos objetivamente decir que así deberá de ser para todos los casos que sigan.
Esto también tiene una implicación moral, pues si como podemos suponer, tratar de fundamentar una filosofía moral de corte naturalista es ocioso. Dadas las condiciones sociales específicas, los partidarios de una filosofía moral naturalista, estarían de acuerdo en que los resultados serían parecidos. Lo mismo sucede con una moral que trate de fundarse en supuestos empíricos. Entonces, siguiendo el pensamiento de Hume, y de Moore en la filosofía moral, esto es falso, pues nunca podemos tener total control de las posibilidades de desarrollo para tal o cual situación específica.
Entonces está sociedad primitiva que venimos planteando necesita de las normas que regulen el comportamiento de sus individuos. Ahora, como hemos teorizado sobre la posibilidad de la filosofía de corte naturalista no es muy factible, por lo menos en papel. Ahora si en lugar de hacer una teoría, cambiamos un poco el giro de este trabajo y nos dedicamos a la narración de posibles hechos históricos que le lleguen a suceder a nuestro grupo, quizá hallemos fundamentos prácticos para la naturaleza hecha moral.
Supongamos que uno de los sujetos del grupo se ve en la necesidad de elegir entre matar o morir. Las condiciones serían las mismas en el caso de que unos hombres de nuestro clan, lleguen al campamento de otro clan. Las provisiones para el invierno escasean, los niños del clan están muriendo de frio y de hambre. Entonces, al llegar de manera fortuita, jamás con esa intención en la mente, descubren que los víveres de aquellos están descuidados, que hay solo unos cuantos kilómetros de distancia entre ambos clanes. Entonces uno de los miembros del primer grupo, tiene la idea de atacar, pues son mayores en número, la sorpresa está de su lado, pues en nuestra primitiva sociedad, no se ha visto jamás tales actos de violencia.
En la noche, cuándo quienes se supone están montando guardia son vencidos por el sueño, llega la oportunidad de los furtivos agresores, matan sin piedad, toman todo lo que necesitan, pieles, comida, agua, refugios. Han logrado el objetivo, tener seguridad para los suyos, y ¿qué tiene que ver con la moralidad? Los que han logrado su objetivo, se sientes satisfechos pues su grupo se mantiene y puede que haya ganado fama de fieros guerreros, con lo que dan pauta a que sean temidos y respetados. Al sentirse satisfechos, no tienen culpa, ¿o sí?
Si es que la culpa no está en sus corazones, cuando las condiciones se repitan, seguramente harán lo mismo, tomarán por la fuerza aquello que necesitan para satisfacer sus necesidades. Pero, si es que la culpa de haber matado a otro ser, es que no permite que vivan en paz, cuando se den las condiciones que orillaron a esta situación hay dos posibilidades: que repitan el acto, a pesar de la culpa que pueden llegar a sentir, pues los suyos necesitan de aquel sacrificio para no verse en la necesidad de ser sacrificados o renunciar al acto cruel de la matanza y buscan soluciones distintas.
Pero hay otra posibilidad, es la que derrumba la idea de la moral naturalista, pues es probable y de hecho, prácticamente seguro, que dentro del grupo se den opiniones dividas entre los sentimientos, he aquí el punto débil del naturalismo. La filosofía naturalista, se basa en los sentimientos, si el sentir que tenemos al hacer una acción moral puede catalogarse como bueno, la acción moral debe de ser buena y viceversa, si lo que sentimos le damos el adjetivo de malo, la acción moral es mala. Los miembros del grupo no están de acuerdo en lo que sienten, para algunos es más la culpa, pues se sienten mal, por lo tanto su naturaleza les dicta que ya no deben de volver a realizar una acción, pero otros tienen un sentimiento de alegría, pues de manera rápida han logrado aumentar sus reservas, con lo cual los miembros del grupo están asegurando su satisfacción. ¿Qué es lo que deben de hacer?  
Como vemos incluso en una manera práctica, una filosofía moral, basada en los sentimientos no puede ser tomada como objetiva, pues dentro de la subjetividad de cada uno de los seres, se encierra una posibilidad de concebir una naturaleza objetiva distinta.
Entonces la filosofía moral basada en la naturaleza, no puede tener aplicaciones prácticas. Se necesita otro modelo que nos lleve a la solución del problema del cómo vivir. Tal vez la solución quede inmersa en la posibilidad de tener un guía, un ser que sea capaz, ya sea por fuerza de músculos o fuerza de razón que nos muestre la forma en cómo es que hay que vivir. Entonces es en este momento, cuando hace aparición las filosofías morales que exponen normas, las cuales deben de ser cumplidas para que se lleve a cabo del desarrollo armónico de las sociedades.
Entonces ¿quién es el que manda en la sociedad?, aquel al que hay que seguir en la vida social. Aquel que tenga el poder. Y ¿quién es quien tiene el poder? Aquí es el momento ideal para hacer mención de la dialéctica del amo y del esclavo trabajada por Hegel. Uno de los representantes máximos del idealismo alemán, da la respuesta en su Fenomenología del espíritu[2]. El amo es aquel quien supera el miedo, entonces recordamos que dijimos que el miedo es lo que provoca que las sociedades se formen. Quien supera el miedo a morir es quien tiene la posibilidad de mandar en las sociedades, aquel que ha perdido el miedo, aunque sea por un rato, pero ese rato era el momento justo cuándo se podía sentir de todo, menos miedo, es quien toma las decisiones de lo que es moralmente bueno o moralmente malo.
Otro alemán, Nietzsche, será quien diga que el bien y el mal son invenciones del poder, la voluntad de poder es aquella que da fundamento a lo que es bueno o no. Ya sea que ese poder le corresponda a una inteligencia suprema, llámese Dios, una ley suprema, entendida como logos, o este recaiga en los hombres. Es el poder quien determina lo que debe de ser bueno y malo para las sociedades. Entonces la respuesta de la pregunta de quién es quién guía nuestro actuar en la sociedad, es aquel que tiene el poder, es a él a quien se debe de rendir cuentas. Quien tiene el poder es quien decide que es lo objetivo, hacía donde deben de tender nuestras acciones o por qué camino debemos de guiar nuestros pasos en materia moral.
Si hacemos lo mismo que líneas más arriba, es decir, dejamos por un momento la exposición filosófica del problema de la moral y hacemos una descripción en dónde quepa la voluntad de poder, quizá hallemos de manera definitiva lo que debe de realizarse para que se tenga una ideología a la cual seguir.
Supongamos ahora que nuestro grupo ha dejado la era prehistórica y entra en el desarrollo industrial. La revolución industrial, iniciada desde las fábricas de Inglaterra, para que después se expandiera por todo el mundo. Hasta llegar a las tierras vírgenes de América y Oceanía. El poder, representado por los dueños de las fábricas es quien determina lo que está moralmente bien. Pero surge un nuevo poder que se levanta en contra del poder antes determinado, es el proletariado. Entonces ya no solo tenemos un grupo en escena, sino que hay dos, los cuales tienen voluntad de poder, y tienen una ideología distinta. Ambas ideologías también tienen una idea de moral distinta. Entonces la gente debe preguntarse, ¿cuál es la filosofía moral que debe de seguirse?   
Ya sea siguiendo la idea del bien, guiándonos por el camino de la virtud o siguiendo los designios de Dios padre, es que debemos de comportarnos frente a la sociedad. Pero ahora surge un problema más, que en realidad es el mismo que se plantea desde el comienzo del trabajo, ¿cómo es que debemos de vivir? Una cosa es que tomemos en cuenta a un ser, que por sus características puede ser considerado superior a nosotros como miembros de un grupo determinado, y que este ser tenga una idea más clara y distinta, haciendo a alusión al método cartesiano, que nosotros. Pero, ¿qué nos puede llegar a asegurar que ese ser tiene la verdad en su mente y no aquel compañero que dice tener también en su mente la idea de algo claro y distinto?
Es decir, si dos seres en los cuales la voluntad de poder es igualmente grande, ambas quieren más poder. Pero ambas son de grupos distintos, con estándares morales diametralmente opuestos ¿qué es lo que debe de tomarse como objetivamente bueno?
El más grande de los filósofos alemanes de todos los tiempos, por lo menos como yo lo veo, quien es considerado por muchos como uno de los pilares de la filosofía occidental, Emmanuel Kant dice: “Obra de tal manera que tus máximas puedan ser consideradas como leyes universalmente válidas para todo ser racional” [3]. Aunque está sólidamente fundamentado no deja de ser un proceso que lleve hacia los sentimientos del ser racional que piense la máxima y debe de ser pensada dentro de un contexto sociotemporal determinado. Es decir, podemos ver que lo que yo considero universalmente válido, puede que no sea lo mismo que alguien más consideraría como igual, dependiendo su momento histórico y situación social. Si yo considero que las personas deben de estar juntas cuándo estás se aman, entonces no debería de haber problemas en cuánto ley universal por las parejas homosexuales. La ley universal, por su carácter de universal, debe de ser válida para todo momento histórico, para cualquier situación y cualquier contexto social. Lo cual no es cierto. Si bien, podemos decir que, a pesar de que moralmente las leyes cambian de sociedad en sociedad, de tiempo en tiempo y de cultura en cultura, la máxima no deja de ser válida, no implica que como ley moral sea absolutamente válida. Será universal, si acotamos aquel universo, pues de otra manera, sale de nuestro universo y comienza a ser considerado como una perversión moral.
Alguien perspicaz puede notar que entonces caigo en contradicción, pues si digo primero que el poder es quien determina las leyes morales, es decir le doy la facultad de determinar algo como bueno o malo, y después trato de mostrar que lo que ese poder determina, no es necesariamente bueno o malo, entonces para qué sirve el poder.
Es cierto, el poder determina las leyes morales, pero también es cierto que la historia continua su andar, entonces lo que hoy un poder A determina como bueno, mañana un poder emergente B lo puede llegar a clasificar como malo e instaurar un nuevo valor moral. Así el curso de la historia va posibilitando el cambio de leyes morales universales. Si es que queremos hacer que un conocimiento, o comportamiento sea validado como universal, debemos entonces de aspirar a la naturaleza estática. Podemos por ejemplo, describir los valores estéticos de una obra de arte, o podemos hacer un análisis axiológico de un evento en particular. Pues estos objetos ya son anacrónicos, están fuera de las realidades actuales. No es lo mismo cuando hacemos juicios de valor moral, pues dependiendo de la situación sociotemporal en la que nos veamos inscritos es como lo podemos determinar. A pesar de que el poder determine lo que está moralmente bien o moralmente mal.
Otro aspecto que vale la pena mencionar es que, como parece he aclarado, es verdad que el poder es quien va a determinar que debe de ser entendido como bueno y que debe de ser entendido como malo. El poder dice que cierta acción es buena, que debe de ser cumplida cabalmente está otra máxima, que a toda costa debe de evitar realizar esta u otra determinada acción. De no hacerse lo que el poder dictamine, aquel quien ha osado desobedecer al poder puede sufrir en el infierno, en la cárcel, en sus corazones o en cualquier otro lugar que el poder mismo determine. Pero a pesar de todo lo que el poder puede, y de hecho hace, para evitar que se hagan o se dejen de hacer tales o cuales acciones, estás aun así, se realizan.
¿Por qué es que a pesar de las prohibiciones u obligaciones determinadas por los poderes es que los subordinados a ellos siguen rompiendo las leyes?
Ese impulso que empuja a los seres hacia el bienestar, está muchas veces en contra de lo que se debe de considerar como bueno, que según los poderes es lo bueno. Incluso muchas veces, lo que es considerado como el bienestar para alguien, va en contra del ciclo natural de la vida, con lo que se está negando, según lo expuesto con anterioridad, la naturaleza objetiva del humano. Ahora el hombre que ha negado su naturaleza humana, queda expuesto, pues lo único que lo hacía parte de un todo objetivo, está superado. De esta forma, queda nuevamente demostrado que la moral naturalista no es ni cerca de una filosofía objetiva, pero que conste que no he dicho que no pueda ser una filosofía moral. Y si esto ha generado confusión y dilemas, con lo que de nuevo se puede decir que el trabajo es inconsistente, espero más adelante aclarar este dilema.  
Lo que es natural del hombre, en mi opinión que sea muy cuestionable también, pero no único tampoco, es la libertad. Es cierto que tampoco somos totalmente libres, pues la libertad física tiene un límite, pues no podemos hacer cosas para las cuales no hemos sido dotados físicamente, por ejemplo, por burdo que podría considerarse, pero que no deja de ser verdad, volar. Entonces la libertad debe de recaer toda en la mente, pues no hay límites para la imaginación, ya que la razón demarca sus propios límites[4], o por lo menos esa es la idea que se tiene. Quiero hacer un reto al lector, al cual yo he sido sometido sin tener acaso éxito. Le pido que se imagine el infinito, considerando que éste es indeterminado. La tarea se vuelve casi imposible, pues para poder imaginarse algo indeterminado, primero debemos de determinarlo, con lo cual estamos llegando a determinar el infinito, por lo tanto el infinito que por definición es indeterminado, deja de ser infinito. Entonces lo que imaginamos, no es el infinito, es una parte del infinito. El mismo está fuera de nuestras capacidades tanto racionales, como irracionales imaginativas.
Entonces, ¿la libertad dónde queda? Llegando a este punto coincido con Kant, al decir que la posibilidad de fundar la libertad queda fuera de las capacidades de la razón[5]. Entonces siguiendo los pasos del genio alemán, decimos también que la libertad queda afirmada de manera práctica[6]. Pues es cierto que de manera teórica la libertad es un concepto complicado en demasía, queda afirmada de manera práctica, pues nos vemos expuestos  a la necesidad de tomar decisiones todos los días.
Hay que dejar en claro que está la posibilidad de que ni siquiera de manera práctica seamos libres, pues como lo mencionamos antes, no conocemos totalmente el universo del que somos partícipes. Bien puede ser que exista esa inteligencia suprema, la cual conoce el destino de cada persona y está determinado que elijamos tal o cual opción. Y también estén incluidas en esta inteligencia, logos quizá, todas las consecuencias de nuestros actos y elecciones. Pero no debemos martirizarnos con la idea, pues en verdad no podemos conocer, por lo menos ahora, si es que es una verdad que pudimos vislumbrar o solo una invención de nuestra imaginación.
Lo que conocemos ahora, es que tal vez al momento de elegir seamos libres, y eso es lo que nos basta para decir que somos libres de elegir y de actuar según circunstancias que nos rodean. Para fines prácticos, cada que se diga que se es libre, se está haciendo alusión a la posibilidad de libertad.
Ahora, ¿cuál es la importancia de la libertad para las filosofías morales? Esa es la importancia de la libertad, las filosofías morales. Si es que no fuéramos libres, no podríamos elegir, sería ocioso el intento por describir cómo vivir, pues en realidad ya estaría determinado el cómo vivir. Es aquí también que podemos rescatar la filosofía naturalista como una filosofía moral, pues hemos dicho que de objetiva no tiene absolutamente nada, pero tampoco así la filosofía moral cristiana, ni platónica, ni aristotélica, tampoco la que pretende instaurar Nietzsche con vistas hacia el superhombre.
Entre lo que pueden llegar a tener en común las filosofías mencionadas, como muchas más que no tomamos en cuenta es la posibilidad de ser elegidas. Es decir que en tanto conozcamos una filosofía moral nueva, entra en juicio en nosotros, tomamos pros y contras de está y si en verdad no hay nada que influya en nuestra decisión, somos libres de aceptar o rechazarla.
Es ahora dónde hace su aparición el glorioso Soren Kierkergaard, seguido del genio de la literatura y filosofía, el francés Jean-Paul Sartre. El danés cuando menciona la angustia que permea la vida, es por no tener seguridad, pues no sabemos si es que existe una guía que nos lleve por un buen camino. Esa es la angustia que menciona Kierkergaard. Al principio del trabajo mencioné el miedo que es lo que provoca que nos reunamos en grupos para tener seguridad. Pero esa seguridad no es total, pues en el ejemplo del grupo que mata al otro, los dos eran grupos, los miembros de ambos se reunieron para obtener la seguridad pero no está asegurada con certeza ésta. Ahora que tal parece que tenemos la seguridad del grupo, regresan los miedos personales, el miedo de que el grupo consuma al individuo, el miedo viene ahora desde adentro del sistema al que ayudamos a crear. Si el sistema perfecto de seguridad, resulta que no lo es más, ¿qué es lo que podemos hacer? La libertad es lo único que nos da esperanza de subsistir.
Sartre dice que lo único que le pertenece por naturaleza al hombre es la libertad. Si somos libres, entonces somos capaces de elegir qué es lo que nos conviene y qué no. Y esto no fuera cierto, es decir que dentro de nuestras capacidades no está la de determinar lo que es bueno para nosotros de lo que no, aun así, no deja de ser verdad que podemos elegir. Aquellos hombres en los cuales recae la posibilidad de determinar las leyes morales, son libres de escoger a que asignarle el valor de bueno y a que el valor de malo. Lo mismo si pretenden escoger que sistema moral es el indicado. Habrá también quien diga que las leyes han sido dictadas por el mismo Dios, que se las han revelado en sueños o en manifestaciones repentinas de la verdad. Pero a nadie le consta que Dios en persona fue que determino las leyes, lo que es cierto es que un hombre fue quien las escribió, quien las interpreto, quien las está llevando a cabo, así como él las entendió. Cada quien interpreta las señales como mejor les plazca, como mejor le acomode a determinadas circunstancias[7].
El hecho de que la voluntad de poder determine el bien y el mal, no interfiere con la capacidad de elegir de todos los demás. Y es esa capacidad de elegir, lo que hace que las leyes morales se vean determinadas para distintas épocas y circunstancias. La realidad, como lo mencionamos antes, no es inmutable, pues el hombre es quien modifica la realidad. Cada época se puede llegar a decir que esto es objetivo y que un determinado valor debe de ser el ideal a seguir. Pero tratar de hacer que todos los hombres consideren a un valor arbitrario, como universal y eterno no es posible. En todo caso, tampoco pretendo que se piense que la ética que proponen los pensadores existencialistas sea considerada como la filosofía moral que debe  de regir en todos los casos. Pues este sistema moral de libertad es válido solo cuándo la libertad existe, y si es que por algún método del cual no tenemos conocimiento, o por alguna razón que escapa de nuestra razón misma, descubrimos que no somos libres, que debemos de seguir una ley objetiva, entonces esta posibilidad tiene que dejar de ser considerada como útil.
Mientras tanto, la única verdad objetiva que tenemos es la posibilidad de elegir, podemos tomar la decisión que pensemos que nos conviene más para determinadas circunstancias. Al decir esto, tampoco me estoy refiriendo a que cada que las posibilidades se repitan, se debe por ley, tomar las mismas decisiones. Lo que hoy puede ser considerado por mí como válido y universal, pude ser que mañana sea considerado como arbitrario e incluso con adjetivos despectivos. Entonces no estoy tratando de decir que si hoy decidimos tomar una acción determinada esta debe de permear todos los ámbitos de la vida futura.
Si hoy me guio por el camino de la virtud, es quizá porque mis circunstancias lo ameritan, pero si mañana cambian mis circunstancias, lo más probable y no por esto hipócrita, cambien también mis normas morales.
Podemos igualmente pasar al lado narrativo, como lo hicimos antes, pero esta vez, de una manera exagerada, que no por eso imposible, pensemos en la posibilidad de un mundo lleno de Zombies[8].
Supongamos que vivimos en una sociedad ideal, en la que el desarrollo científico se puede sentir en todos los ámbitos de la vida diaria, las clases sociales marginadas se han vuelto clases desarrolladas, la pobreza, el analfabetismo, las enfermedades han sido erradicadas de la tierra. La norma moral de “no matar más que lo necesario para comer”, es respetada por todos, la paz reina en la tierra. Por la misma situación de seguridad que se tiene hasta cierto punto las defensas bajas, pues, ¿qué puede pasar en un mundo así? Pongamos un poco de caos en nuestro hipotético mundo feliz.
Un virus muta más rápido de lo que los científicos pueden encontrar la cura. Este virus es parecido al que ataca a ciertas bacterias que dejan de producir sus actividades metabólicas y comienzan a desarrollar actitudes atípicas, enfocadas al mantenimiento y reproducción del virus.
Una tarde este virus logra escapar de la sala de seguridad, una falla en el sistema, entonces comienza la infección. El paciente cero muere en cuestión de horas, pero como los médicos que lo atendieron nunca supieron contra que se enfrentaban, no tomaron las precauciones necesarias, por lo que caen enfermos en sus casas.
El paciente cero despierta de su sueño letárgico y comienza a morder a todos los que se encontraban en la morgue. Comienza el apocalipsis, pues los muertos son contagiados, cadáveres en descomposición corriendo por las calles en busca de comida para los huéspedes que alberga en su ser. Entonces la norma de “no matar más que lo necesario para comer” ya no es válida, en cambio queda la norma de “matar o morir”. Las circunstancias han cambiado, por lo que es necesario cambiar también las normas morales para que la sociedad humana pueda subsistir en un mundo al que somos arrojados sin manual y sin guía aparente.
Y es que aquí queda la posibilidad de definir algo más. El humano queda superado, entonces por el hombre. El humano necesita de las leyes morales, pues recordemos a Caso, no podemos vivir sin saber cómo vivir. “Puesto que, sin ley, no es posible dar pábulo a aquello que se prohíbe, la humanidad necesita de este paso fronterizo, del discurso de la prohibición, para existir como restricción contra sí misma, como negación de lo no-humano”.[9] Es necesario que sepamos de qué manera nos vamos a comportar en un determinado espacio sociotemporal, pues las leyes de convivencia son necesarias, no por esto indispensable que sea objetiva y universal.
Tal vez, nunca lleguemos a conocer aquello a lo que los filósofos gustamos llamar el logos, quizá ni siquiera exista y solo discutimos en vano. Tal vez seamos como perros persiguiendo las llantas de los autos, si las alcanzamos, no sabríamos que hacer, ni tendríamos idea del riesgo que corremos al tenerlas entre nuestras fauces. Lo que si sabemos ahora es que somos libres y que tenemos la posibilidad de elegir aquello que pensamos es lo mejor para nosotros. Es muy probable que ni siquiera sea lo mejor, pero es la posibilidad de elegir lo que nos hace libres.
Me gustaría terminar mi trabajo con una frase de Enrique Tierno Galván. Bendito sea el caos, pues es síntoma de libertad.        



[1] “Antología filosófica” Antonio Caso. Biblioteca del estudiante universitario. UNAM, 1985.
[2] “Fenomenología del Espíritu” G. W. F. Hegel. Fondo de Cultura Económica. México, 1966.
[3] “Fundamentación de la Metafísica de las Costumbres” Emmanuel Kant. Las cuarenta. 2012.
[4]  “Crítica de la Razón Pura” Emmanuel Kant. Taurus. 2005.
[5] Op. Cit.
[6] “Critica de la Razón Práctica” Emmanuel Kant. Porrúa. 2004
[7] “El existencialismo en un humanismo” Jean-Paul Sartre. Tomo. 2004
[8] “Filosofía zombie” Jorge Fernández Gonzalo. Anagrama. 2011
[9] Op. Cit.

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