domingo, 29 de junio de 2014

De la realidad


 De la realidad


¿Cómo es el mundo en el que vivimos?, ¿Dios existe o no? Y si la respuesta es afirmativa, ¿cuál es su naturaleza?, ¿cuál es el papel que juega el hombre en el universo? Tal vez sean preguntas que quizá no tengan una respuesta satisfactoria, pero por lo menos podemos tratar de contestar estas interrogantes.
Podemos partir desde el concepto del conocimiento, en el sentido que le da Platón en el Teetetho, para tratar de demostrar la verdad objetiva del mundo, conocimiento popular tal como “en todo mal, hay un bien encerrado”, “sólo Dios sabe porque hace las cosas”, “primero Dios”, podemos notar que se hace necesario un sentido del mundo. Debe de haber un plan que dirija hacia buen puerto todas aquellas opciones que tenemos en la vida diaria. Si tomamos una decisión, la cual provocó un resultado desalentador, o por lo menos así es como lo vemos, debemos de estar conscientes de que “lo que sucedió es lo mejor que pudo haber pasado”. La mayoría del conocimiento popular, inclusive no tanto, aceptado como verdadero, necesita de una razón de ser, las leyes deben de regir todo el comportamiento de la realidad.
La realidad entera, debe por necesidad, ser racional. Tenemos una razón, la cual nos permite conocer las verdades del mundo. Científicos tan grandes como los físicos Albert Einstein o Stephen Hawking ven en esto, más que como una posibilidad, una necesidad.

“Viviendo en este vasto mundo, que a veces es amable y a veces cruel, y contemplando la inmensidad del firmamento encima de nosotros, nos hemos hecho siempre una multitud de preguntas. ¿Cómo podemos comprender el mundo en el que nos hallamos? ¿Cómo se comporta el universo? ¿Cuál es la naturaleza de la realidad? ¿De dónde viene todo lo que nos rodea? ¿Necesitó el Universo un Creador? La mayoría de nosotros no pasa la mayor parte de su tiempo preocupándose por esas cuestiones, pero casi todos nos preocupamos por ellas en algún instante.
Tradicionalmente, ésas son cuestiones para la filosofía, pero la filosofía ha muerto. La filosofía no se ha mantenido al corriente de los desarrollos modernos de la ciencia, en particular de la física. Los científicos se han convertido en los portadores de la antorcha del descubrimiento en nuestra búsqueda de conocimientos."[1]

Es algo muy parecido a lo que quiso decir Einstein en su frase: “Dios no juega a los dados”. Entonces, lo que tratan de demostrar los “científicos modernos” es ese sentido que sigue el mundo. Todas estas posiciones científicas y, aunque no lo vea así el señor Hawking, filosóficas que tratan de mostrar las “leyes” que rigen nuestro universo son totalmente lógicas. Todas siguen un proceso lógico válido, podemos tratar de encontrar algún error en el razonamiento de los pensadores lógicos y perder toda nuestra vida, pues jamás hallaremos ese punto débil de su estructura racional, pues tal no existe.
Las doctrinas que tratan de falsear la verdad lógica, la verdad científica, pierden su tiempo. No hay, por lo menos hasta ahora, una manera de demostrar que las leyes de la termodinámica, las leyes de Newton o el plan divino sean falsos. En este punto me parece muy importante hacer la aclaración de que cuando hablo en este trabajo sobre Dios, no me refiero al Dios de ninguna religión, ni a un Dios no realista como lo pueden considerar pensadores de la talla de Don Cupitt; el Dios del que hablo ahora es un Dios no tangible, pero tampoco ideal. Es un Dios que conoce todo, lo que ha sido, lo que es y lo que será, dentro de Él están contenidas todas las posibilidades, pues Él conoce las causas y efectos de todo, está mezclado en todas las cosas, pero no se puede reducir a una realidad ni idea. Me refiero al “Dios de los filósofos”, hoy también “Dios de los científicos”, el Dios que permite que se hagan las cosas que se hacen, pues en su plan está que se hagan, estoy hablando del logos. Es válido decir que los “científicos modernos” buscan descubrir a Dios, pues ellos buscan las leyes o la ley que englobe a todo el universo. Si se quiere conocer a Dios, el verdadero Dios, debemos de conocer el mundo tal cual es.
No hay manera lógica de demostrar que todos los esfuerzos por conocer a Dios sean inútiles, o por lo menos eso es lo que parece que conocen quienes tratan de encontrarlo por medio de la razón. Pues en realidad, siendo justos, la lógica tiene falacias, las cuales son razonamientos no válidos, además debemos recordar que la lógica no dice nada acerca de la verdad o la falsedad de un razonamiento, solo nos dicta cómo es que debemos de razonar válidamente. La falacia que quiero destacar ahora, es la falacia formulada por el filósofo inglés David Hume, partidario del empirismo, es la llamada falacia naturalista. En esencia, la falacia naturalista dice que no es lógicamente válido pasar del reino del ser al del deber ser. Es decir que por el hecho de que siempre las cosas hayan sido de tal forma, de que después de que sucede A, siempre se da B, no es válido afirmar que para todo caso en que suceda A, necesariamente se debe de dar B, por lo menos en una realidad como en la que nosotros habitamos. Un ejemplo, que tal vez esté por demás dar, es el del sol. Desde el inicio del planeta tierra, o por lo menos es lo que creemos saber, cada 24 horas aproximadamente, el astro vuelve a “salir” por el oriente terrestre, para después “meterse” por el poniente. Cada día ha sido así, pero de estos casos particulares no podemos afirmar tajantemente, en rigor lógico, que mañana se vuelva a repetir.
Entonces, en el mundo lógico en el cual según los científicos mencionados, vivimos, no podemos afirmar nada del caso que sigue. Entonces la “ciencia moderna” deja de ser una ciencia determinante, “premonitora” para convertirse en una ciencia descriptiva. Las capacidades racionales de la ciencia moderna, dejan de estar en el mañana y pasan al ayer, como bien lo había mencionado Carl Popper.
Si el mundo es lógico, entonces no podemos demostrar que conocemos a Dios, pues Dios está más allá de nuestras capacidades racionales. En un universo lógico, Dios debe de ser el “genio malvado” cartesiano. Pues nos dota con la razón, y nos hace creer que con ella hemos de descubrirlo a Él y a su plan. Pero escuchando lo que nuestra máxima herramienta cognitiva nos dice, es decir, descubriendo los límites de la razón, entendemos que no debemos afirmar que lo conocemos. Tal vez si lo lleguemos a tener en nuestras manos, quizá lo estamos haciendo bien, la física, la química, la bioquímica, la genética, etc. Dicen que lo más probable es que sí lleguemos a conocerlo, pero el mismo Dios nos lleva hasta un callejón sin salida, pues nos hacer preguntarnos de manera racional, ¿en verdad conozco a Dios?, ¿no hemos caído en el error de considerar como verdadero algo que quizá mañana deje de serlo?
Si es que de verdad nuestro Dios es un ser lógico, entonces debemos de considerar la posibilidad de vivir sin saber qué es la vida. No es que esté diciendo que debemos de vivir en un mundo escéptico, en el que debemos de suspender todos los juicios, pues en rigor lógico, no podemos saber si es que son verdaderos o falsos. Entonces esto nos deja  por ahora, 2 opciones que yo veo desde mi situación: atenernos a que en nuestro mundo lógico no podemos demostrar que nuestro conocimiento actual sea verdadero (el genoma humano es distinto para cada grupo racial, las leyes de Newton son universalmente válidas, el sol va a salir mañana…) o descartar la idea de que el mundo es lógico.
Si tomamos esta opción, debemos de aceptar que no hay nada más que cruel realidad, no hay la posibilidad de encontrar leyes que rijan el comportamiento del mundo. Dejamos de creer que mañana va a salir el sol y esperamos con todo nuestro ser, que mañana salga el sol. Una vez que aceptamos que el mundo es ilógico hemos de aceptar las palabras del viejo Zaratustra que baja de su montaña acompañado por sus animales, el águila que lo guía en el camino desde las alturas y su serpiente que le recuerda que vive a ras de suelo. Hemos de aceptar que Dios ha muerto. De esta forma, también debemos de reformular nuestra concepción del conocimiento. Antes, cuando el mundo era lógico, Platón dejó una definición para el conocimiento: “Una opinión verdadera razonada”, pero al decir “verdadera” se debe de afirmar que es verdadera, lo cual no nos es válido hacer; en un mundo ilógico como el que estamos planteando ahora, la definición del conocimiento puede ser, “una opinión considerada verdadera”. ¿Considerada por quién?, ¿por qué no razonada? Considerada por el poder, claro está. Aquel o aquellos que ejercen el poder, no necesariamente son racionales, simplemente determinan lo que es verdadero o no, según sus propias convicciones y circunstancias.
Si el mundo no tiene una razón de ser, entonces la humanidad está perdiendo el tiempo al tratar de encontrar las leyes que supuestamente rigen el mundo. ¿La ciencia objetiva es entonces una pérdida de tiempo? ¡No! Pues si bien es cierto que ahora que el mundo dejo de ser lógico, no sabemos qué es verdad y qué no, no deja de ser cierto que lo que conocemos funciona. Es decir que las, ahora mal llamadas, leyes físicas ya no pueden ser consideradas como absolutamente verdaderas, pero las podemos y debemos ocupar para el desarrollo de nuestras tecnologías. Para el desarrollo de nuestras tecnologías más avanzadas, por ejemplo las desarrolladas por la ingeniería biónica, se necesita un amplio conocimiento en física, química, biología, nanoestructuras. Si se quiere hacer una prótesis funcional que sea aceptada por el cuerpo humano, debemos de considerar factores como la dureza del material, su biocompatibilidad, además de hacer los suficientes cálculos físicos para que haga su función parecida a la realidad, etc…
Bien podemos vivir en un mundo sin la necesidad de la lógica, pues fuera del papel, la lógica misma deja de ser funcional, al ser una ciencia tan abstracta, no podemos determinar que lo que dicta sea válido para la realidad. Hoy podemos prácticamente afirmar que el valor de la gravedad promedio en la tierra es de 9.81 m/s2, pero no podemos controlar todas las variables del universo, pues quizá en algún futuro suceda algo que cambie las condiciones para que la gravedad promedio cambie,  para lo cual hay que adaptar nuestra ciencia. Si aceptamos que el mundo es ilógico, no hay un conocimiento certero de absolutamente nada.
Pero, ¿en verdad no tenemos conocimiento absoluto de nada? O eso es lo que creemos, es lo que nos conviene creer. Al decir que el mundo deja de ser lógico, dijimos que hemos matado a Dios, pero en realidad, solo matamos al Dios lógico, pues no podemos decir que Dios haya sido siempre lógico, ¿quién nos puede decir con certeza que Dios es lógico?, ¿quién conoce la naturaleza de Dios? Se ha dicho que Dios es un conjunto de leyes, conoce lo que viene después, lo que se sigue de determinadas circunstancias. Pero, ¿en verdad nos es lícito decir que Dios tiene esa naturaleza?, ¿y si Dios en verdad, juega a los dados? En un principio, dejé en claro que al hablar de Dios en este trabajo, me refería al logos, pero ahora, ya no es posible afirmar que Dios debe de ser lógico, puede que su naturaleza sea azarosa.
No podemos afirmar que la naturaleza de Dios sea lógica, pero siendo honestos y racionales, tampoco podemos afirmara que no lo sea. De igual forma, no debemos de afirmar la existencia de un Dios, pero tampoco nos es factible asegurar que éste no exista. Tal vez,  una propuesta de esta forma parezca más escéptica que antes se pudo llegar a pensar, pero lo que propone no es la epojé, para llegar a la ataraxia. Si bien no podemos en rigor, afirmar que conocemos la naturaleza de las cosas, tampoco podemos afirmar que no las conozcamos. Si el mundo en el que vivimos es aprehendible (ya sea por los sentidos o por la razón) o no, es algo que por lo menos hasta ahora escapa de nuestras capacidades.
¿Cómo podemos llegar a conocer algo, si lo que parece que es universalmente válido, no lo es? Ahora cabe hacer una nueva definición del conocimiento. Es cierto que el poder no deja que el mundo se caiga, pues la sociedad misma da objetividad al mundo, acotándolo. Pero una definición más abstracta del conocimiento puede ser una “opinión racional que consideramos como verdadera”.                   
¿Por qué ahora si cabe ser racional? Pues si bien es cierto que dentro de las formas que tenemos para conocer algo está el sentimiento, la razón rige incluso en los sentimientos, pues nadie nos puede decir que lo que sentimos es bueno o malo, puede que nos digan que si ellos estuvieran en la situación en la que nos encontramos nosotros, y llegasen a sentir lo mismo que nosotros, quizá consideren tal o cual sentimiento como bueno. Pero de manera objetiva, ellos no tienen el mismo sentir que nosotros. Somos nosotros quienes interpretan dicho sentir como bueno o malo, dependiendo de nuestra circunstancia. Jean Paul Sartre podría estar de acuerdo con esta posición, si decimos que Dios mismo se nos ha presentado y nos ha dicho que la verdad es tal, también puede ser que otra persona que esté con nosotros al mismo tiempo, escuchando a Dios, interprete de diferente manera el mensaje de Dios.
De esta manera, si creemos saber que es imposible conocer la naturaleza de Dios, o incluso su género de existencia, ¿qué nos queda? Quedamos como miembros más del universo, ya hemos dejado de ser aquellos que tenían la oportunidad de descubrir el mundo. La naturaleza ya no se conoce cuándo el humano la descubre, Dios nos ha abandonado, o por lo menos eso es lo que creemos.
Hasta ahora, lo que ha sucedido en el mundo, nos da pauta a declarar que Dios juega  a los dados, quizá ni siquiera Dios mismo sepa, de manera absoluta, que viene el día de mañana. Para muchos pensadores como por ejemplo Ted Honderich, esto es un problema tremendo, pues eso quiere decir que no hay explicación para el mundo, pues no podemos saber qué es lo que sigue.
Pero siendo justos, esto no es verdad, pues si Dios juega a los dados, suponiendo que juega con 2, 3, 4, n dados, hay cierta posibilidad de que se adivine que combinación sea la que sigue. Podemos incluso preguntarle a alguno de los jugadores que están vetados de varios casinos. Las “leyes” físicas, pueden ser consideradas como conjunto de posibilidades que expliquen la naturaleza del universo. Podemos ver que cada vez que las condiciones se juntan, es muy probable que el resultado sea el que se ha venido sucediendo desde que se ha hecho la observación.
Con esto, que parece redundante, pues ya lo mencioné más arriba, quiero plantear que nosotros le damos sentido al universo, no podemos vivir en un mundo que no sea aprehendible, lo necesitamos, de una u otra forma, debemos de tener un grado de seguridad. Si esto es cierto, como parece ser, siempre apareceremos como creadores, pues nosotros mismos somos quienes le darán la objetividad al mundo, aunque éste no lo sea, y si lo es, no lo podremos saber.
Lo que le queda al ser humano es ser quien determine la realidad, nosotros creamos las leyes que, en teoría deben de regir el universo conocido. Pues en verdad, las leyes que tenemos hasta ahora, rigen el pedazo de universo espacio-temporal, en el que vivimos. Nacemos sin la capacidad de aprehender más allá de lo que nuestros sentidos y sensibilidad, guiados por la razón claro está, nos permiten conocer. Pero en cambio, tenemos la capacidad de modificar el ambiente en el que nos desarrollamos.
Si Dios juega  a los dados, o para el caso digamos que juega a la tómbola, nosotros podemos inclinar la balanza del azar para nuestros fines. Supongamos que hay una tómbola, donde se encuentran 100 bolas de color, 50 negras y 50 blancas, la posibilidad de que salga una de un color o de otro es la misma, estamos totalmente sujetos a la suerte. Ahora supongamos que lo que queremos es que la bola que salga sea negra, ¿qué nos corresponde hacer? Cambiamos la cantidad de bolas negras y blancas. Dejamos 99 negras y una blanca, pues los jueces no nos permiten sacar todas las bolas de un color, entonces tenemos un 99% de posibilidad de ser favorecidos por el resultado. Se hace el sorteo, la “mano santa” ha tomado una de las bolas de la tómbola, saca lentamente la mano y el resultado que obtenemos es, ¡la bola blanca! Lo que quiero decir con esto es que podemos tratar de hacer objetivo nuestro mundo, pero no deja de ser cruel, pues no lo podemos asegurar por completo.
La obligación del humano, es darle sentido al mundo. Quizá Dios exista, quizá no es lógico. Lo único que podemos afirmar es que creemos estar aquí y ahora, que tenemos pleno control de nuestro destino, pues no tenemos, o por lo menos eso parece, certeza absoluta, más de que no tenemos certeza absoluta de nada.
Construimos nuestro camino, pues el camino no está marcado, o por lo menos no podemos verlo de manera clara y distinta, y los sentimientos y sensaciones no son una guía, son una herramienta, al igual que la razón. Pero, para ser justos, quien nos engaña con anterioridad, puede que nos vuelva a engañar. Nietzsche dice: “Lo que me duele no es que me hayas engañado, lo que me duele es que ya no podré volver a creerte”.
Creamos un mundo en el que podamos vivir, aunque después el mundo real se burle de nuestros planes. No somos más que unos simples constructores de realidades ideales, que tal vez sean una caricatura del mundo real.
En fin, quizá no lleguemos a tener un conocimiento objetivo del mundo, quizá si. Lo que está en nuestras manos es usar las herramientas que tenemos para tratar de darle sentido al mundo, tal vez sean insuficientes, es probable que nuestro universo no tenga sentido, es creíble que el mundo tenga una razón de ser, que estemos en este mundo por alguna razón más que azarosa. ¿Quién puede asegurar algo de esto? Lo que es de verdad importante, sin menospreciar los demás temas, es que podemos determinar nuestro hoy, el presente es ese preciso momento en el que se junta lo que pudo haber sido, con lo que puede llegar a ser. No sabemos lo que nos depara, las condiciones se han juntado, nos es lícito decir que la realidad parece ser un conjunto de fenómenos que tienen una relación causal entre sí, pero estás causas deberían de ser consideradas como mera casualidad, o quizá no, aún no ha nacido quien nos pueda mostrar el camino real, o por lo menos eso queremos creer. “Ayer es historia, mañana es un misterio, pero hoy es un regalo, por eso lo llamamos presente.” 
     



[1] “El gran diseño” Stephen Hawking. Ed. Crítica. 2010.

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