De la realidad
¿Cómo
es el mundo en el que vivimos?, ¿Dios existe o no? Y si la respuesta es
afirmativa, ¿cuál es su naturaleza?, ¿cuál es el papel que juega el hombre en
el universo? Tal vez sean preguntas que quizá no tengan una respuesta
satisfactoria, pero por lo menos podemos tratar de contestar estas
interrogantes.
Podemos
partir desde el concepto del conocimiento, en el sentido que le da Platón en el
Teetetho, para tratar de demostrar la verdad objetiva del mundo, conocimiento
popular tal como “en todo mal, hay un bien encerrado”, “sólo Dios sabe porque
hace las cosas”, “primero Dios”, podemos notar que se hace necesario un sentido
del mundo. Debe de haber un plan que dirija hacia buen puerto todas aquellas
opciones que tenemos en la vida diaria. Si tomamos una decisión, la cual
provocó un resultado desalentador, o por lo menos así es como lo vemos, debemos
de estar conscientes de que “lo que sucedió es lo mejor que pudo haber pasado”.
La mayoría del conocimiento popular, inclusive no tanto, aceptado como
verdadero, necesita de una razón de ser, las leyes deben de regir todo el
comportamiento de la realidad.
La realidad entera, debe por necesidad,
ser racional. Tenemos una razón, la cual nos permite conocer las verdades del
mundo. Científicos tan grandes como los físicos Albert Einstein o Stephen Hawking
ven en esto, más que como una posibilidad, una necesidad.
“Viviendo
en este vasto mundo, que a veces es amable y a veces cruel, y contemplando la
inmensidad del firmamento encima de nosotros, nos hemos hecho siempre una
multitud de preguntas. ¿Cómo podemos comprender el mundo en el que nos
hallamos? ¿Cómo se comporta el universo? ¿Cuál es la naturaleza de la realidad?
¿De dónde viene todo lo que nos rodea? ¿Necesitó el Universo un Creador? La
mayoría de nosotros no pasa la mayor parte de su tiempo preocupándose por esas
cuestiones, pero casi todos nos preocupamos por ellas en algún instante.
Tradicionalmente, ésas
son cuestiones para la filosofía, pero la filosofía ha muerto. La filosofía no
se ha mantenido al corriente de los desarrollos modernos de la ciencia, en
particular de la física. Los científicos se han convertido en los portadores de
la antorcha del descubrimiento en nuestra búsqueda de conocimientos."[1]
Es
algo muy parecido a lo que quiso decir Einstein en su frase: “Dios no juega a
los dados”. Entonces, lo que tratan de demostrar los “científicos modernos” es
ese sentido que sigue el mundo. Todas estas posiciones científicas y, aunque no
lo vea así el señor Hawking, filosóficas que tratan de mostrar las “leyes” que
rigen nuestro universo son totalmente lógicas. Todas siguen un proceso lógico
válido, podemos tratar de encontrar algún error en el razonamiento de los
pensadores lógicos y perder toda nuestra vida, pues jamás hallaremos ese punto
débil de su estructura racional, pues tal no existe.
Las
doctrinas que tratan de falsear la verdad lógica, la verdad científica, pierden
su tiempo. No hay, por lo menos hasta ahora, una manera de demostrar que las
leyes de la termodinámica, las leyes de Newton o el plan divino sean falsos. En
este punto me parece muy importante hacer la aclaración de que cuando hablo en
este trabajo sobre Dios, no me refiero al Dios de ninguna religión, ni a un
Dios no realista como lo pueden considerar pensadores de la talla de Don Cupitt;
el Dios del que hablo ahora es un Dios no tangible, pero tampoco ideal. Es un
Dios que conoce todo, lo que ha sido, lo que es y lo que será, dentro de Él
están contenidas todas las posibilidades, pues Él conoce las causas y efectos
de todo, está mezclado en todas las cosas, pero no se puede reducir a una
realidad ni idea. Me refiero al “Dios de los filósofos”, hoy también “Dios de
los científicos”, el Dios que permite que se hagan las cosas que se hacen, pues
en su plan está que se hagan, estoy hablando del logos. Es válido decir que los
“científicos modernos” buscan descubrir a Dios, pues ellos buscan las leyes o
la ley que englobe a todo el universo. Si se quiere conocer a Dios, el
verdadero Dios, debemos de conocer el mundo tal cual es.
No
hay manera lógica de demostrar que todos los esfuerzos por conocer a Dios sean
inútiles, o por lo menos eso es lo que parece que conocen quienes tratan de
encontrarlo por medio de la razón. Pues en realidad, siendo justos, la lógica
tiene falacias, las cuales son razonamientos no válidos, además debemos
recordar que la lógica no dice nada acerca de la verdad o la falsedad de un
razonamiento, solo nos dicta cómo es que debemos de razonar válidamente. La
falacia que quiero destacar ahora, es la falacia formulada por el filósofo
inglés David Hume, partidario del empirismo, es la llamada falacia naturalista.
En esencia, la falacia naturalista dice que no
es lógicamente válido pasar del reino del ser al del deber ser. Es decir
que por el hecho de que siempre las cosas hayan sido de tal forma, de que
después de que sucede A, siempre se da B, no es válido afirmar que para todo caso
en que suceda A, necesariamente se debe de dar B, por lo menos en una realidad
como en la que nosotros habitamos. Un ejemplo, que tal vez esté por demás dar,
es el del sol. Desde el inicio del planeta tierra, o por lo menos es lo que
creemos saber, cada 24 horas aproximadamente, el astro vuelve a “salir” por el
oriente terrestre, para después “meterse” por el poniente. Cada día ha sido
así, pero de estos casos particulares no podemos afirmar tajantemente, en rigor
lógico, que mañana se vuelva a repetir.
Entonces,
en el mundo lógico en el cual según los científicos mencionados, vivimos, no
podemos afirmar nada del caso que sigue. Entonces la “ciencia moderna” deja de
ser una ciencia determinante, “premonitora” para convertirse en una ciencia
descriptiva. Las capacidades racionales de la ciencia moderna, dejan de estar
en el mañana y pasan al ayer, como bien lo había mencionado Carl Popper.
Si
el mundo es lógico, entonces no podemos demostrar que conocemos a Dios, pues
Dios está más allá de nuestras capacidades racionales. En un universo lógico,
Dios debe de ser el “genio malvado” cartesiano. Pues nos dota con la razón, y
nos hace creer que con ella hemos de descubrirlo a Él y a su plan. Pero
escuchando lo que nuestra máxima herramienta cognitiva nos dice, es decir,
descubriendo los límites de la razón, entendemos que no debemos afirmar que lo
conocemos. Tal vez si lo lleguemos a tener en nuestras manos, quizá lo estamos
haciendo bien, la física, la química, la bioquímica, la genética, etc. Dicen
que lo más probable es que sí lleguemos a conocerlo, pero el mismo Dios nos
lleva hasta un callejón sin salida, pues nos hacer preguntarnos de manera
racional, ¿en verdad conozco a Dios?, ¿no hemos caído en el error de considerar
como verdadero algo que quizá mañana deje de serlo?
Si
es que de verdad nuestro Dios es un ser lógico, entonces debemos de considerar
la posibilidad de vivir sin saber qué es la vida. No es que esté diciendo que
debemos de vivir en un mundo escéptico, en el que debemos de suspender todos
los juicios, pues en rigor lógico, no podemos saber si es que son verdaderos o
falsos. Entonces esto nos deja por
ahora, 2 opciones que yo veo desde mi situación: atenernos a que en nuestro
mundo lógico no podemos demostrar que nuestro conocimiento actual sea verdadero
(el genoma humano es distinto para cada grupo racial, las leyes de Newton son
universalmente válidas, el sol va a salir mañana…) o descartar la idea de que
el mundo es lógico.
Si
tomamos esta opción, debemos de aceptar que no hay nada más que cruel realidad,
no hay la posibilidad de encontrar leyes que rijan el comportamiento del mundo.
Dejamos de creer que mañana va a salir el sol y esperamos con todo nuestro ser,
que mañana salga el sol. Una vez que aceptamos que el mundo es ilógico hemos de
aceptar las palabras del viejo Zaratustra que baja de su montaña acompañado por
sus animales, el águila que lo guía en el camino desde las alturas y su
serpiente que le recuerda que vive a ras de suelo. Hemos de aceptar que Dios ha
muerto. De esta forma, también debemos de reformular nuestra concepción del
conocimiento. Antes, cuando el mundo era lógico, Platón dejó una definición
para el conocimiento: “Una opinión verdadera razonada”, pero al decir
“verdadera” se debe de afirmar que es verdadera, lo cual no nos es válido
hacer; en un mundo ilógico como el que estamos planteando ahora, la definición
del conocimiento puede ser, “una opinión considerada verdadera”. ¿Considerada
por quién?, ¿por qué no razonada? Considerada por el poder, claro está. Aquel o
aquellos que ejercen el poder, no necesariamente son racionales, simplemente
determinan lo que es verdadero o no, según sus propias convicciones y
circunstancias.
Si
el mundo no tiene una razón de ser, entonces la humanidad está perdiendo el
tiempo al tratar de encontrar las leyes que supuestamente rigen el mundo. ¿La
ciencia objetiva es entonces una pérdida de tiempo? ¡No! Pues si bien es cierto
que ahora que el mundo dejo de ser lógico, no sabemos qué es verdad y qué no,
no deja de ser cierto que lo que conocemos funciona. Es decir que las, ahora
mal llamadas, leyes físicas ya no pueden ser consideradas como absolutamente
verdaderas, pero las podemos y debemos ocupar para el desarrollo de nuestras
tecnologías. Para el desarrollo de nuestras tecnologías más avanzadas, por
ejemplo las desarrolladas por la ingeniería biónica, se necesita un amplio
conocimiento en física, química, biología, nanoestructuras. Si se quiere hacer
una prótesis funcional que sea aceptada por el cuerpo humano, debemos de
considerar factores como la dureza del material, su biocompatibilidad, además
de hacer los suficientes cálculos físicos para que haga su función parecida a
la realidad, etc…
Bien
podemos vivir en un mundo sin la necesidad de la lógica, pues fuera del papel,
la lógica misma deja de ser funcional, al ser una ciencia tan abstracta, no
podemos determinar que lo que dicta sea válido para la realidad. Hoy podemos
prácticamente afirmar que el valor de la gravedad promedio en la tierra es de
9.81 m/s2, pero no podemos controlar todas las variables del
universo, pues quizá en algún futuro suceda algo que cambie las condiciones
para que la gravedad promedio cambie,
para lo cual hay que adaptar nuestra ciencia. Si aceptamos que el mundo
es ilógico, no hay un conocimiento certero de absolutamente nada.
Pero,
¿en verdad no tenemos conocimiento absoluto de nada? O eso es lo que creemos,
es lo que nos conviene creer. Al decir que el mundo deja de ser lógico, dijimos
que hemos matado a Dios, pero en realidad, solo matamos al Dios lógico, pues no
podemos decir que Dios haya sido siempre lógico, ¿quién nos puede decir con
certeza que Dios es lógico?, ¿quién conoce la naturaleza de Dios? Se ha dicho
que Dios es un conjunto de leyes, conoce lo que viene después, lo que se sigue
de determinadas circunstancias. Pero, ¿en verdad nos es lícito decir que Dios tiene
esa naturaleza?, ¿y si Dios en verdad, juega a los dados? En un principio, dejé
en claro que al hablar de Dios en este trabajo, me refería al logos, pero ahora,
ya no es posible afirmar que Dios debe de ser lógico, puede que su naturaleza
sea azarosa.
No
podemos afirmar que la naturaleza de Dios sea lógica, pero siendo honestos y
racionales, tampoco podemos afirmara que no lo sea. De igual forma, no debemos
de afirmar la existencia de un Dios, pero tampoco nos es factible asegurar que
éste no exista. Tal vez, una propuesta
de esta forma parezca más escéptica que antes se pudo llegar a pensar, pero lo
que propone no es la epojé, para llegar a la ataraxia. Si bien no podemos en
rigor, afirmar que conocemos la naturaleza de las cosas, tampoco podemos
afirmar que no las conozcamos. Si el mundo en el que vivimos es aprehendible
(ya sea por los sentidos o por la razón) o no, es algo que por lo menos hasta
ahora escapa de nuestras capacidades.
¿Cómo
podemos llegar a conocer algo, si lo que parece que es universalmente válido,
no lo es? Ahora cabe hacer una nueva definición del conocimiento. Es cierto que
el poder no deja que el mundo se caiga, pues la sociedad misma da objetividad
al mundo, acotándolo. Pero una definición más abstracta del conocimiento puede
ser una “opinión racional que consideramos como verdadera”.
¿Por
qué ahora si cabe ser racional? Pues si bien es cierto que dentro de las formas
que tenemos para conocer algo está el sentimiento, la razón rige incluso en los
sentimientos, pues nadie nos puede decir que lo que sentimos es bueno o malo,
puede que nos digan que si ellos estuvieran en la situación en la que nos
encontramos nosotros, y llegasen a sentir lo mismo que nosotros, quizá
consideren tal o cual sentimiento como bueno. Pero de manera objetiva, ellos no
tienen el mismo sentir que nosotros. Somos nosotros quienes interpretan dicho
sentir como bueno o malo, dependiendo de nuestra circunstancia. Jean Paul
Sartre podría estar de acuerdo con esta posición, si decimos que Dios mismo se
nos ha presentado y nos ha dicho que la verdad es tal, también puede ser que
otra persona que esté con nosotros al mismo tiempo, escuchando a Dios,
interprete de diferente manera el mensaje de Dios.
De
esta manera, si creemos saber que es imposible conocer la naturaleza de Dios, o
incluso su género de existencia, ¿qué nos queda? Quedamos como miembros más del
universo, ya hemos dejado de ser aquellos que tenían la oportunidad de
descubrir el mundo. La naturaleza ya no se conoce cuándo el humano la descubre,
Dios nos ha abandonado, o por lo menos eso es lo que creemos.
Hasta
ahora, lo que ha sucedido en el mundo, nos da pauta a declarar que Dios
juega a los dados, quizá ni siquiera
Dios mismo sepa, de manera absoluta, que viene el día de mañana. Para muchos
pensadores como por ejemplo Ted Honderich, esto es un problema tremendo, pues
eso quiere decir que no hay explicación para el mundo, pues no podemos saber
qué es lo que sigue.
Pero
siendo justos, esto no es verdad, pues si Dios juega a los dados, suponiendo
que juega con 2, 3, 4, n dados, hay cierta posibilidad de que se adivine que
combinación sea la que sigue. Podemos incluso preguntarle a alguno de los
jugadores que están vetados de varios casinos. Las “leyes” físicas, pueden ser
consideradas como conjunto de posibilidades que expliquen la naturaleza del
universo. Podemos ver que cada vez que las condiciones se juntan, es muy
probable que el resultado sea el que se ha venido sucediendo desde que se ha
hecho la observación.
Con
esto, que parece redundante, pues ya lo mencioné más arriba, quiero plantear
que nosotros le damos sentido al universo, no podemos vivir en un mundo que no
sea aprehendible, lo necesitamos, de una u otra forma, debemos de tener un
grado de seguridad. Si esto es cierto, como parece ser, siempre apareceremos
como creadores, pues nosotros mismos somos quienes le darán la objetividad al
mundo, aunque éste no lo sea, y si lo es, no lo podremos saber.
Lo
que le queda al ser humano es ser quien determine la realidad, nosotros creamos
las leyes que, en teoría deben de regir el universo conocido. Pues en verdad,
las leyes que tenemos hasta ahora, rigen el pedazo de universo
espacio-temporal, en el que vivimos. Nacemos sin la capacidad de aprehender más
allá de lo que nuestros sentidos y sensibilidad, guiados por la razón claro
está, nos permiten conocer. Pero en cambio, tenemos la capacidad de modificar
el ambiente en el que nos desarrollamos.
Si
Dios juega a los dados, o para el caso
digamos que juega a la tómbola, nosotros podemos inclinar la balanza del azar
para nuestros fines. Supongamos que hay una tómbola, donde se encuentran 100
bolas de color, 50 negras y 50 blancas, la posibilidad de que salga una de un
color o de otro es la misma, estamos totalmente sujetos a la suerte. Ahora
supongamos que lo que queremos es que la bola que salga sea negra, ¿qué nos corresponde
hacer? Cambiamos la cantidad de bolas negras y blancas. Dejamos 99 negras y una
blanca, pues los jueces no nos permiten sacar todas las bolas de un color,
entonces tenemos un 99% de posibilidad de ser favorecidos por el resultado. Se
hace el sorteo, la “mano santa” ha tomado una de las bolas de la tómbola, saca
lentamente la mano y el resultado que obtenemos es, ¡la bola blanca! Lo que
quiero decir con esto es que podemos tratar de hacer objetivo nuestro mundo,
pero no deja de ser cruel, pues no lo podemos asegurar por completo.
La
obligación del humano, es darle sentido al mundo. Quizá Dios exista, quizá no
es lógico. Lo único que podemos afirmar es que creemos estar aquí y ahora, que
tenemos pleno control de nuestro destino, pues no tenemos, o por lo menos eso
parece, certeza absoluta, más de que no tenemos certeza absoluta de nada.
Construimos
nuestro camino, pues el camino no está marcado, o por lo menos no podemos verlo
de manera clara y distinta, y los sentimientos y sensaciones no son una guía,
son una herramienta, al igual que la razón. Pero, para ser justos, quien nos
engaña con anterioridad, puede que nos vuelva a engañar. Nietzsche dice: “Lo
que me duele no es que me hayas engañado, lo que me duele es que ya no podré
volver a creerte”.
Creamos
un mundo en el que podamos vivir, aunque después el mundo real se burle de
nuestros planes. No somos más que unos simples constructores de realidades
ideales, que tal vez sean una caricatura del mundo real.
En
fin, quizá no lleguemos a tener un conocimiento objetivo del mundo, quizá si.
Lo que está en nuestras manos es usar las herramientas que tenemos para tratar
de darle sentido al mundo, tal vez sean insuficientes, es probable que nuestro
universo no tenga sentido, es creíble que el mundo tenga una razón de ser, que
estemos en este mundo por alguna razón más que azarosa. ¿Quién puede asegurar
algo de esto? Lo que es de verdad importante, sin menospreciar los demás temas,
es que podemos determinar nuestro hoy, el presente es ese preciso momento en el
que se junta lo que pudo haber sido, con lo que puede llegar a ser. No sabemos
lo que nos depara, las condiciones se han juntado, nos es lícito decir que la
realidad parece ser un conjunto de fenómenos que tienen una relación causal
entre sí, pero estás causas deberían de ser consideradas como mera casualidad,
o quizá no, aún no ha nacido quien nos pueda mostrar el camino real, o por lo
menos eso queremos creer. “Ayer es historia, mañana es un misterio, pero hoy es
un regalo, por eso lo llamamos presente.”
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