A veces creo que estoy destinado a quedarme solo para siempre, pero también pienso que no es así. Ruego que no sea así. Pero es que todas las personas que he conocido, con las cuales he querido entablar una relación más allá de amistad, terminan desilusionando mis esperanzas. No es culpa de ellas, es culpa mía por creer que algo a la altura de mis expectativas se puede dar con ellas. Eso me pasa con convivir más con mi ansiedad que con las personas. Debo de tener una relación con los demás, no con la idea que tengo de los demás.
Conocer, no juzgar antes de tiempo. Eso es lo que me sucede, soy alguien que se adelanta a los hechos, desde que tiene ideas. Pienso más de lo que vivo, pero no. Eso no debe ser, se debe vivir al tiempo de las cosas que pasan. Los mundos que me creo dentro de mi mente, deben de quedar fuera de mi mente. No estoy pidiendo por su realidad, sino que yo debo de aprender a vivir sin ilusiones del futuro.
Tampoco es una renuncia por el porvenir, sino una aceptación del presente. Las cosas se darán, si es que se tienen que dar. Si digo que la felicidad es la renuncia de toda querencia, entonces debo de aprender a renunciar a la querencia de algo con alguien en específico, en un momento en específico. No se trata de renunciar a estar con alguien, para siempre, se trata de aprender a esperar a que ese alguien llegue. Sea quien sea, sea como sea.
Pero es muy difícil, aunque para ser honesto, lo parece por que me atrevo a forzar las cosas. No las debo forzar, debo esperar a que las cosas se den de forma natural. Si alguien te quiere dentro de su vida, en algún momento te buscará, y hará lo necesario para que eso funcione. No es un cerrar las puertas, es más bien abrirlas para cualquiera. Pero ese cualquiera, debe de tener la intención de querer entrar, no debo salir. Si salgo, puede ser que espante al invitado que se asomaba por el patio pensando en la posibilidad de entrar.
Tampoco es la renuncia a salir, pero se debe de salir hasta que se tenga la certeza de que el otro quiere entrar. Se debe salir, más nunca forzar a que el otro entre.
Paciencia, mucha paciencia para poder recibir lo que merezco. Así, algún día llegará alguien que esté a la altura de mis ilusiones, a la altura del cariño que puedo dar. Que ese ser esté dispuesto a dar aquello que yo también quiero compartir.
No cerrar las puertas, abrirlas para cualquiera que tenga el valor de entrar, que me quiera dentro de su vida, que me piense en su futuro. Algún día llegará, y cuando suceda, será lo más hermoso que me pueda haber pasado. Habrá valido la pena cada herida, cada pena.
Esa persona que me merezca, será la persona más feliz del mundo, de eso me encargaré yo. Porque todo lo que he sufrido, me servirá para ser la mejor versión de mí, y esa persona tendrá lo mejor de mí. Cada lágrima derramada, cada pena que cargo, cada que se me rompe el corazón, esa persona que me merecerá, será la más gozosa por estar junto a mí. Lo que no te mata, te hace más fuerte, y te vuelve más hermoso.
Porque mi corazón, como el ave fénix, renace de las cenizas de las llamas de la pasión que quema dentro de mí, que arden por compartirse, que arden por se de alguien más. Cuando ese momento llegue, y sé que llegará, seremos las almas más felices del mundo. De eso me encargo yo, de eso se encargará mi destrozado y hermoso corazón.
Amaré a quien se lo merezca, con toda la pasión, todo lo bello y todo lo perfecto de mi ser capaz de dar y ansioso por recibir amor. Será lo mejor que nos pueda llegar a pasar. Y si alguien llega y no se dispone a recibir lo que estoy dispuesto a dar, no es mi pérdida, la pérdida es suya.
Al ser un tesoro tan grande el que estoy dispuesto a compartir, no es algo que se le pueda dar a cualquiera, debe ser a la persona que se lo merezca, y quien se lo merezca, debe ser un personaje que pueda estar a la altura de mis expectativas, alguien que tenga expectativas igualmente altas por alguien. Ese alguien debe ser como yo.
¡Gracias a todas quienes me han rechazado, me han negado o me han dejado! Gracias porque me harán el ser más hermoso de todos, porque cada que me dicen que no, no sucede que el amor que estaba dispuesto a dar, se pierda en la vaguedad, sino que se almacena en lo profundo de mi ser, y desde ese punto, parte mi nueva búsqueda por el ser que merezca mi ideal. No existe la perfección, pero aquel ser que se atreva a compartir lo que es con lo que soy, será lo más parecido a eso.
No es culpa de nadie más que mía mis fracasos amorosos. Pero esos fracasos, son necesarios, tenían que suceder para que cuando ya no sucedan más, sea pura realidad tendiente a la perfección.
El amor que puedo dar, es un amor que no es para cualquiera. Es un amor para seres especiales que van más allá de la normalidad, de lo superficial, de lo establecido por lo general. Será un ser mejor que cualquier otro, porque me va a amar, en la medida y de misma forma como yo lo podré hacer.
No es renuncia, es una apertura, es un esperar por lo mejor, porque si yo ofrezco lo mejor, entonces es justo que también reciba lo mejor. No menos, no algo que parezca lo mejor. Merezco lo mejor, porque yo ofrezco lo mejor.
Merezco el amor que estoy dispuesto a dar, no menos. No me conformaré con menos. ¿Cómo sabré que ese alguien es digno de mi todo? Porque se lo daré y estará en su ser aceptarlo, o no. ¿Cómo sabré que lo aceptó? Porque me dará lo mejor también. Tendremos la posibilidad de destrozar al otro, pero no lo haremos, porque simple y sencillamente querremos lo mejor para el otro. Y sabremos que lo mejor, es estar con el otro.
Si quiero recibir lo mejor de alguien, tengo que estar dispuesto a dar lo mejor de mí. Se lo ofreceré a todo mundo, pero solo los dignos de ello, lo aceptarán.
Aquel quien lo merezca todo, será quien pudiendo tomar todo, decide dejar algo suyo. Quien lo merece todo, es quien no lo piensa tomar, al contrario, está dispuesto a dar. El amor, es aquello que mientras más das, más grande es. Yo estoy dispuesto a darlo todo, a quien se lo merezca. Quien me merezca. Adiós al que mendiga por migajas, lo merezco todo, porque estoy dispuesto a darlo todo. La relación que quiero es una relación entre seres superiores, con toda la soberbia que eso traiga. No soy para cualquiera, no quiero a cualquiera. Quien tenga una relación conmigo, será alguien que me quiera en su vida. Que quieran entrar en mi ser.
Merezco el amor que estoy dispuesto a dar, merezco el amor que estoy dispuesto a dar. Merezco el amor que estoy dispuesto a dar, merezco el amor que estoy dispuesto a dar. Merezco el amor que estoy dispuesto a dar, merezco el amor que estoy dispuesto a dar. No menos, no menos.
Quien me merezca, es quien esté dispuesto a hacer lo que yo haría por ese ser. Sin que yo se lo pida, porque rogar por ello no es de espíritus elevados. Merezco aquello que estoy dispuesto a dar, y quien me merece es quien esté dispuesto a hacer lo que yo haría por él.
No puedo permitirme ser segunda opción de nadie, no soy segunda opción de nadie. No quiero exclusividad, quiero entusiasmo por mi ser. Quiero alguien que quiera vivir conmigo, no porque no pueda vivir sin mí, sino porque genuinamente quiera compartir conmigo. No porque haya que llamarlo así, sino porque no necesite calificación, mucho menos clasificación. Lo que es, es hermoso. Y si ese alguien no tiene interés en simplemente ser, no es lo que mi espíritu necesita.
Algo que vaya más allá de estándares, algo que pueda superar toda dificultad, porque lo más hermoso florece no a pesar, sino gracias a lo difícil. El amor que estoy dispuesto a dar, es el amor que no cualquiera merece. Es el amor que mi ser perfecto anhela compartir y recibir. Cuando sea, será perfecto. Intemporal, eterno, real.
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